Acabo de leer  en un sitio de la Internet una información con foto ilustrativa  del caso que reporta de manera critica la prohibición de entrada  a un  hospital de Cuba a un ciudadano  de la isla que se presentó en el  lugar  de referencia  en busca  de asistencia médica- gratuita por  supuesto- vestido con unos pantalones cortos confeccionados  con tela de colores representando la bandera de Estados Unidos, la mejor manera que ha podido  encontrar  este sujeto para hacer pública su oposición al  gobierno de su país y su devoción por  uno  extranjero.

Nada de insólito tiene- y de hecho se hizo muy bien- que a la puerta de un establecimiento público de la isla se prohíba la entrada de una persona vestida  de esa manera, no porque  se trate  del  caso  de la bandera  de Estados Unidos  solamente, sino porque la insignia  nacional  de cualquier país merece  el debido respeto puesto que esa tela de colores, con sus barras  y sus estrellas representa  a un  pueblo,  ya sea en este caso el  norteamericano o como pudiera ser otro cualquiera,  independientemente   de  que su gobierno  sea  enemigo jurado  de la nación cubana.

Que en Cuba haya  personas que disientan  de su gobierno es bien conocido de todos. Que estén sus cabezas  visibles pagadas por un gobierno extranjero- el  norteamericano por  supuesto- tampoco  es secreto para nadie en Cuba  ni en  ninguna parte. Pero  que la adhesión a  la política de Estados  Unidos contra el pueblo y el  gobierno cubano   se lleve tan lejos  como usar la bandera de ese país  como  prenda  de vestir  me  parece  más  que  una mala  costumbre,  un inadmisible  insulto que no merece el  pueblo norteamericano.

Razón que me  lleva a pensar que quien tiene tan poca  estima  por una bandera bandera extranjera  tampoco respeta la suya, la cubana  que manchada en sangre  de sus patriotas, representa a  todo un  pueblo, aún a aquellos  malagradecidos- parafraseando a José Martí-  que miran  en el sol solo  sus manchas y no su luz que alumbra  y da vida. No  señor,  que  la  bandera  no es un trapo.

Les habló para Réplica  de Radio-Miami su director Max Lesnik.