La Habana.- ¡Cuán lejos hemos llegado! Con cuanto orgullo podemos afirmar esta verdad todos los cubanos y cubanas que apoyamos este glorioso proceso revolucionario a días de conmemorarse sus sesenta años de arduo, incansable, afanoso y victorioso batallar.

Afincado en las realidades de la Patria, consciente sufro los desgarradores e inimaginables sacrificios de nuestro pueblo que por más de 150 años se ha mantenido firme, teniendo que haber vivido, con grave penar, desde cuando las guerras en la manigua, sin armas con que pelear, muriéndose de hambre, a pie y descalzos, víctima de los vendavales de los poderosos y sus intereses de clase, el odioso racismo, las desmedidas ambiciones, la estupidez y la vanagloria, y tantas, tantas monstruosidades propias de los más viles de los seres humanos – como también de aquellos no tanto- que llenan bibliotecas inmensas de vejámenes e inenarrables crueldades; viendo morir a sus seres queridos: sus hijos, sus nietos, sus esposos y esposas, sus padres y hermanos, sus compañeros y compañeras de lucha, víctimas de tantas incurables enfermedades, de la ferocidad de los opresores y sus secuaces, por mantenerse intransigentes, fieles a los ideales de una nación libre, justa, independiente, soberana y solidaria.

Sufro, asimismo, por el ideal traicionado por los débiles, los pérfidos y los esbirros que controlaron aquella soñada y vuelta a soñar traicionada República que a tantos buenos y buenas, apabullaron, torturaron y asesinaron; todos, ellas y ellos, héroes, los que por largas décadas no claudicaron e hicieron posible el triunfo revolucionario aquel Primero de Enero hace sesenta años.

Sobre sus cenizas, sacrificios y ejemplo imperecedero descansa nuestra Revolución triunfante.

Sufro, por todo lo que el imperialismo y sus criados a sueldo, han hecho, y hacen padecer, al pueblo de Cuba Libre desde el triunfo revolucionario hace sesenta años.

He dicho anteriormente y aquí lo repito: sólo el sadismo más cruel puede explicar semejantes, bochornosas políticas de exterminio aplicadas por Estados Unidos contra el pueblo cubano desde 1959.

¡Ah! Pero que dicha es ser hoy testigo del triunfo del pueblo revolucionario cubano en el Poder, frente a sus poderosos e incansables enemigos.

Triunfo que hace revolcarse de rabia y frustración a aquellos que han pretendido de cualquier modo y por todos los medios por destruir la indómita voluntad del pueblo de Cuba por ser absolutamente libre, perseverando por alcanzar la plenitud de la libertad, la solidaridad y la justicia.

Honrado, profundamente le agradezco a la vida haber podido vivir en los memorables tiempos de Fidel y Raúl y haber podido aprender de sus enseñanzas como maestros y guías de todo un pueblo.

De amor, valentía, justeza, solidaridad y resistencia ha sido ejemplo el pueblo cubano en revolución para todos aquellos en el mundo que luchan por un mundo mejor.

Hoy, afincado en las realidades de la Patria, siento el profundo júbilo compartido por todo el pueblo cubano revolucionario en este magno aniversario.//