A fin de cada  año,  el 31 de diciembre  los Babalawos” de la religión Yoruba de Cuba se reúnen   en  sesión solenne en La Habana para hacer sus predicciones de lo que pueda ocurrir en el año que se inicia,  a la vez  que dan  los consejos a seguir por  los devotos de las creencias del culto afro-cubano que depositan toda su fe en las deidades sincréticas Ochún-La Caridad del Cobre, Changó-Santa Bárbara, Babalú Ayeé- San Lázaro y otros tantos dioses  del  altar africano que tiene por figura central a Olofi, el Dios supremo de todos los Dioses.

Con todo respeto para los creyentes de fe Yoruba  este Duende tiene que decir,  que en nuestra opinión, nada revelador o significativ   ha expresado sobre el  futuro  de Cuba y el  mundo la llamada  “letra del  año” de los  “Babalawos”  cubanos, simples lugares comunes que a todos  nos  vienen bien como en las predicciones astrológicas de periódicos y  revistas, en realidad nada bien distinto a lo que pudiera pronosticar un personaje pintoresco  de reconocida fama  mundial  como  el puertorriqueño Walter Mercado, que se ha hecho un hombre de fortuna barajando los astros y las estrellas  de los  signos zodiacales. Mercado lo adivina todo, menos el premio gordo  de la lotería,  porque si pudiera, ya él se lo  hubiera sacado.

En fin, como Duende eterno que soy, no creo  en adivinadores de donde sean, ni en predicciones de astrólogos, ni mucho menos en maldiciones satánicas o en bendiciones  de  sacerdotes pedófilos, o  en Pastores fanáticos que reviven moribundos con  el signo de la cruz,  que para el  caso todo es lo mismo, la necesidad  del  hombre de creer en  algo sobrenatural, cuando debiera comenzar por creer en sí mismo, que  el Dios que existe es el que  cada uno tiene en su conciencia.

La “Letra del Año”  de El  Duende es el alfabeto completo,  de la A hasta la Z.  Y así nunca me equivoco y no tengo que estar con Dios  y con  El  Diablo,  como tantos  farsantes de este mundo  que viven explotando  la ignorancia  de los  demás.

Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.