A sesenta años del inicio de la construcción del socialismo en Cuba y con el fracaso del modelo económico soviético a la vista, es evidente que la empresa estatal socialista cubana, por sí sola no puede realizar la reanimación económica con la urgencia que el país necesita. Tampoco pudiera hacerlo el débil sector privado. ¿Qué tal una alianza? Es lo que sugiere el presidente Díaz-Canel.  

El sector estatal de la economía cubana no puede recibir más prerrogativas, apoyos, promesas y mimos que los otorgados a lo largo de casi sesenta años. Una vez y otra se les asignan recursos, se le condonan deudas y se les promete “independencia”, lo cual no es posible porque al privilegiar la planificación centralizada, fijar los salarios, monopolizar el comercio exterior, controlar las divisas y regular el mercado interno, el sistema no lo permite. Una diputada fue lapidaria: “A más independencia, es preciso mayor control. Más sencillo sería cuadrar el círculo.

Quien nunca ha recibido una oportunidad para integrarse al esfuerzo por vivir bajo reglas de convivencia socialistas, es el sector privado nacional que, dicho sea de paso, solo para el record, es el único componente de la política interna cubana no hostilizado por Estados Unidos.

En la economía estatal cubana, área en la cual hubo períodos de “vacas flacas y gordas”, antes y después del colapso soviético, se han ensayado todas las formulas imaginables sin que los resultados hayan honrado los esfuerzos. También ocurrió así en la Unión Soviética y Europa Oriental.

Debido a la certeza de que es necesario introducir innovaciones decisivas, me entusiasma la alusión del presidente Díaz-Canel de aliar o integrar la empresa estatal socialista con el sector no estatal y la inversión extranjera, lo cual es una audaz promesa que pudiera conducir al éxito. Ahora bien, para aprovechar las potencialidades del sector no estatal hay que fortalecerlo y dignificarlo. Nadie puede aliar un gigante con un alfeñique.

Reforzar el sector estatal cubano para que funcione como un aliado estratégico y no como un compañero de viaje del que se recela, es preciso apoyarlo desde el estado, ampliar su radio de acción a diversas ramas y actividades de la economía, privilegiando los emprendimientos asociados al sector productivo mediante la constitución de pequeñas y medianas empresas.

Conceptualmente, no existe ningún obstáculo para que especialistas que durante décadas han servido en el sector público, ejerzan sus profesiones bajo formatos privados o cooperativos. No veo por qué arquitectos, ingenieros, biólogos, periodistas, músicos, incluso médicos, no puedan obtener licencias o constituir empresas privadas o cooperativas para realizar encargos estatales y ofrecer servicios a clientes privados nacionales y extranjeros.

A tales efectos, sin estudios ni experimentos que toman años y nadie necesita, es urgente dictar decretos sobre micro, pequeñas y medianas empresas, especialmente en el sector productivo, sin excluir áreas de alta tecnología, así como sobre la participación de los cubanos radicados en el exterior en los procesos económicos nacionales.

Al respecto, sería oportuno que el Banco Central y los ministerios concernidos generaran iniciativas para convertir en capital de inversión una parte de los tres mil millones de dólares que se reciben cada año como remesas. Con efectos inmediatos la Aduana General de la República pudiera liberar de impuestos las herramientas importadas por viajeros, nuevas o de uso, con o sin motor, que sirven para trabajar y producir y para vulnerar el bloqueo.

Hay tela por donde cortar y espacio para crear. Creer que todo está dicho es un error. Allá nos vemos.  

23/12/2018

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