Traducido desde el más allá por Max Lesnik

Érase una vez un violador y asesino de larga y triste historia de anteriores agresiones contra indefensas víctimas  a las que había asaltado con lujuria y alevosía vergonzosa,  que ahora con odio y rabiosa furia  intentaba una nueva  de las suyas.

La había golpeado con violencia extrema, hasta el  punto de apenas  dejarla  respirar  al tenerla  apretada por  el  cuello con sus dos garras de bestia salvaje indigna  de llamarse  humana.

En su furia descontrolada  el violador  desesperado en su impotencia por doblegar a su victima  la lanzó a las aguas  de un rio cercano.

Sorprendido  infraganti el  odioso  violador  en su infame tarea criminal se le ocurrió entonces,  para  tratar de  limpiar su  sucia imagen , lanzó un grito hipócrita de auxilio  en ayuda  de su indefensa víctima: “Derechos humanos, derechos humanos ,  hay que rescatarla  de las aguas del rio antes de que muera ahogada”,  clamaba el violador asesino como si no hubiera sido él  mismo  el autor  de tan abusiva  y criminal tragedia.

Cualquier parecido con el  imperio del  norte  y la agredida Venezuela,  no es casual ni   mera coincidencia.

Y hasta la próxima entrega de El  Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.