AHORA O AHORA   

                                                        

                                                              Jorge Gómez Barata

De todos los conflictos políticos, los de naturaleza civil son los más complicados, entre otras cosas porque las partes conviven, comparten territorios, a veces lazos familiares y afectos. Para la solución de esos diferendos no basta con el cese de las hostilidades, sino que se requiere la reconciliación. Es el caso de Venezuela.    

Para que una negociación de esa naturaleza funcione necesita de interlocutores habilitados, motivados y que actúen de buena fe. Se requiere además de una agenda consensuada sobre la base de objetivos comunes y alcanzables. El apoyo de mediadores y consejeros extranjeros suele ser importante.

Algunas de esas premisas no están presentes en Venezuela donde la oposición actual, según ha declarado, no está interesada en diálogo alguno y el gobierno no parece dispuesto a ceder en ningún punto nodal. No obstante, varios países y el Secretario General de la ONU creen posible obtener resultados sustantivos.

Por la otra orilla, Estados Unidos, mentor de la oposición venezolana que interviene abierta y decisivamente, incluso amenaza con la intervención militar al reiterar la intimidadora expresión de que “Todas las opciones están sobre la mesa”, parece soplarle al oído a Guaidó para que rechace el acercamiento propuesto por el gobierno.

Negociaciones hubo antes con participación de altos funcionarios venezolanos, líderes de la oposición y la asistencia de figuras políticas internacionales como los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero, de España y Leonel Fernández de República Domicana, así como Danilo Medina, actual mandatario de ese país.

En todos los casos, después de largos períodos, dilaciones y acuerdos no concretados o incumplidos, ninguna de las partes se ha fortalecido decisivamente y, en lugar de avanzar, han retrocedido.

Lo distinto de la maniobra en curso en Venezuela es que, ahora la oposición parece actuar sobre la base de un plan, fraguado y auspiciado por Estados Unidos que incluso ha sorprendido a parte de los adversaros del gobierno. La fase actual comenzó cuando la Asamblea Nacional, desconociendo la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que ha declarado nulos todos sus actos, designó a Juan Guaidó como “presidente encargado”, desconociendo a Nicolás Maduro.

Los adversarios internos y externos del proceso bolivariano iniciado en 1999 con la elección de Hugo Chávez y continuado por la asunción a la presidencia de Nicolás Maduro en 2013, además de con un plan al parecer estructurado en varias etapas, cuentan con cierto reconocimiento internacional y, sobre todo, con un financiamiento constante y cuantioso, paradójicamente basado en los propios recursos venezolanos.

La apropiación de la empresa CITGO por parte de los Estados Unidos y la utilización de sus lucros para financiar a la oposición, así como el embargo petrolero que se propone sancionar a los países y empresas que comercien con Venezuela, priva al gobierno legítimo de Venezuela de importantes recursos, a la vez que incrementa las tensiones internas; por añadidura, la continuación de la guerra económica y el fantasma de una agresión militar distrae sus esfuerzos de tareas urgentes, entre ellas, la reactivación de la economía.

El hecho de que la más reciente iniciativa de negociación en torno a la situación política de Venezuela haya partido de los gobiernos de México, Uruguay y Bolivia, no hostiles a ese país y que recién la idea haya sido acogida por la ONU, crea opciones, aunque también dudas. ¿De qué diálogo se trata? ¿A quién se le reclamarán concesiones? ¿Cuáles?     

La coincidencia de que ambas partes demanden nuevas elecciones, la oposición respecto a la presidencia y el gobierno en relación con la Asamblea Nacional, actualmente, controlada por la oposición, pudiera ser el punto de partida para generar un consenso mínimo. La aceptación de la cohabitación de una presidencia bolivariana y una Asamblea Nacional opositora, pudiera ser un paso importante y tal vez imprescindible.  

Aunque bajo sombríos augurios, el próximo día 7 comenzará en Montevideo la Conferencia Internacional sobre Venezuela. En cualquier caso, gobierno y oposición deberían recordar la primera ley del dialogo político: “Sin ceder nada, nada podrá obtenerse”. Allá nos vemos.