La palabra “caucus” se introdujo en la política estadounidense al principio del siglo XVIII. Nació en Boston. Se refería a un Club de naturaleza política, cuyos miembros, unidos por intereses diversos, nominaban a los funcionarios públicos locales.

Con más o menos variantes, una vez fundado Estados Unidos de Norteamérica, estos grupos de interés, nominaron los candidatos a las elecciones públicas estatales y nacionales a lo largo del siglo XIX.

Este procedimiento de elegir candidatos fue democratizado por vez primera nacionalmente, en el siglo XX, siendo uno de los valiosos aportes del llamado movimiento progresista surgido a fines del XIX y principios del XX.

La aprobación del voto para las mujeres, la Ley Anti Trust Sherman, la aparición de ciertos servicios sociales para zonas deprimidas, jornada laboral de ocho horas, control gubernamental sobre los servicios públicos, impuesto escalonado sobre la renta, la lucha de Theodore Roosevelt contra los trusts más poderosos disolviendo Northern Securities Trust, la ruptura de Standard Oil Trust en unidades menores, son de los múltiples efectos que tuvo la aparición de “los progresistas”, de los cuales Roosevelt jugó un importantísimo papel.

Esas tendencias progresistas, surgidas a  modo de garantizar la paz social que parecía perderse que en la segunda mitad del siglo XIX, pavimentaron el camino del New Deal de Franklyn D. Roosevelt. (El Nuevo Pacto).

Por aquel tiempo, la explotación despiadada de los grandes consorcios industriales y mineros y su maridaje con las autoridades y la fuerza militar, parecían preconizar el comienzo de un país lanzado a la deriva.

Las tendencias progresistas no sólo salvaron la paz necesaria para un mínimo de convivencia y garantizar el avance de las fuerzas productivas, sino también abrieron las puertas a nuevas formas de capitalismo que fueron un resultado de la Segunda Revolución Industrial. Esta segunda Revolución se inicia con la invención y uso de los motores de combustión y en consecuencia, el requerimiento cada vez mayor del petróleo como fuerza energética, sustituto histórico de los molinos de viento y el vapor, cuya existencia constituía hasta ese momento, la única fuente de energía para mover las maquinarias. Se sumó a ese proceso la invención del teléfono y nuevos cambios en las comunicaciones. El entramado creado por esas variantes, obligó a transformar la organización de la producción y el modo de administrar las finanzas.

El proceso de desarrollo y crecimiento de las sociedades estables es imparable, aun cuando se vean interrumpidas transitoriamente por la protesta y acciones violentas de quienes han resultadi víctimas de sus excesos. La violencia asumida por estas personas, representan un invasivo tratamiento, necesario para sanar los males sociales del momento. El único impedimento que puede descarrilar completamente ese camino de crecimiento y desarrollo, ocurre en las sociedades donde se enfrentan las propias fuerzas de Poder, patológicamente centradas en el control social y no en facilitar el desarrollo de la ciencia, la tecnología, organizaciones económicas eficientes y la atención a los preteridos. Otro elemento retardatario puede ser el apego a ideologías estructuradas alrededor de paradigmas que han perdido su importancia. Situaciones de esta naturaleza pueden ser eventualmente superadas, como han sido el caso de China, España, Vietnam y otros, donde los enfrentamientos entre facciones de Poder o el enquistamiento del mismo, no derivaron en enfermizas prácticas, tal y como sucede en muchas sociedades de África y América Latina.

En líneas generales, la inclusión social es la tendencia predominante en el ritmo de los cambios sociales, cuando se corresponden a una comprensión política del proceso evolutivo de las sociedades. En cada una de las etapas por las cuales transita, la equidad se universaliza cada vez más.

Estados Unidos de América presenta hoy un nuevo cuadro a las puertas de la Cuarta Revolución Industrial, en la cual el internet ha jugado un factor fundamental y nuevas fuentes de energía comienzan a materializarse, superando las anteriores. La primera fuente de energía estuvo constituida exclusivamente por la fuerza humana y la explotación de las bestias, luego vino el agua, el viento, el vapor y el petróleo. La llegada de la energía eléctrica fundada en paneles solares y fuerza eólica y otras fuentes en fase de ser explotadas una vez que las técnicas para esos propósitos sean dominadas, abre espacios inconmensurables que están dados a transformar no sólo la manera en que producimos sino la forma en que intercambiamos lo producido.

En el umbral de esta etapa de crecimiento, es la fase en que se haya Estados Unidos de América, donde se ha iniciado en las últimas décadas, un movimiento progresista de nuevo tipo, autodefinido como socialista, en consonancia con las ideas conceptuales de carácter social, económico y social del momento.

Curiosamente los principales actores, sus mejores representantes en la arena política, son mujeres, en medio de las cuales ha surgido una figura joven, Alexandria Ocasio- Cortéz, quien con su lema The Green New Deal (El Nuevo Pacto Verde), con solo 29 años y a pocas semanas de asumido un cargo de funciones desconocidas para ella, ha reunido a su alrededor a un nutrido porcentaje de Congresistas e incluso a las aspirantes presidenciales exponentes de esa nueva corriente socialista.

Su planteamiento supone una total recomposición de la sociedad, incluyendo íntegramente la reestructuración infraestructural energética del país, cambiando los sistemas de redes distributivas actuales y añadiendo, a cada edificación existente en las ciudades y poblados, las nuevas técnicas, renovándolas una a una en cada rincón del territorio. Todo cambiaría bajo el ambicioso proyecto, cuya factibilidad parece ser aceptada cada día por mayor cantidad de personas, economistas, políticos, científicos y el sector técnico.

Pero más allá de esa transformación radical del sistema energético, el movimiento platea salud para todos, pagador único, escuela universal, eliminar el sistema de endeudamiento de los estudiantes, educar en los nuevos conocimientos al ejército laboral del país, transformar las carreteras y el sistema de transporte. Es un proyecto dirigido a elevar el nivel de vida de las mayorías tras el derroche de oferta laboral al cual conducirían estas labores, una vez puestas en marcha.

Las bases para esas ideas están dadas. Vienen cobrando forma desde hace años. Sólo requieren el impulso telúrico de gente decidida, visionaria, tal como lo hicieron otros en anteriores tiempos en el territorio de Norteamérica y en tantas otras latitudes. Personas que tuvieron las mismas preocupaciones e hicieron consecuentemente las propuestas pertinentes, acorde con los recursos de la realidad en que vivieron.

La maduración del país para cambios sustanciales está dada. La propia elección de Trump fue una respuesta social antes las necesidades de un cambio profundo que debe comenzar con reformas al sistema político sin romper la esencia organizativa de gobierno plasmada en la Constitución de 1788.

Un porcentaje de la población que apoyó a Trump no lo hizo llevada sólo por su mensaje nacionalista, sino por el progreso económico que parecía asegurar aquel discurso. Su verdadera contraparte era Bernie Sanders, cuyos planteamientos de igual tonalidad implicaban cambios diferentes a los planteados por Trump, hasta el punto que muchos de sus votantes se habrían inclinado por Sanders de haber sido el escogido como el candidato demócrata.

La diferencia esencial entre ambos es que uno plantea el crecimiento a través de una mayor concentración individual de la riqueza y la propuesta de Sanders transita por una distribución más equitativa.

El asunto a dirimir en las nuevas elecciones del 2020, es que muchos de quienes votarán por Trump sienten desprecio hacia su persona, pero un horror enfermizo ante el movimiento socialista que se ha convertido en fuente de poder. En esa confusión de ideas, un tercer candidato o un debilitamiento de la maquinaria demócrata, le otorgaría la reelección.