Sé que me voy a meter en un tema que no será de la simpatía de algunos – o muchos – ya que la fanaticada es muy poderosa ante el desarrollo de la vida social cotidiana. Los deportes son una práctica metódica de ejercicios físicos pero a la vez son caldo de cultivo para una seguidilla de fanatismo que a veces llega al morbo y al extremismo.

   Así las cosas desde los tiempos inmemorables las prácticas deportivas de los seres humanos son recordadas como algo  que además de ser competitivos entre dos personas  o grupos, lograban enardecer pasiones entre  los fanáticos asistentes  a estos eventos. Así también lo eran las prácticas de hacer competir animales para satisfacer a los humanos.

  Así las cosas los encuentros deportivos, iban desde los sanos enfrentamientos,  con pelotas, aros o simples carreras, a las peleas físicas que conducían, y conducen, a las derrotas, a veces con sangre de los contrarios o de ambos.

   No son pocos los que no están de acuerdo a que dos animales se enfrenten en una batalla cruel que conlleva a veces  la muerte final de uno de los dos, para la complacencia de los humanos, que muestran gozo ante estos eventos. Los enardecidos asistentes a estas peleas, ya sean gallos, perros, osos, y ahora hasta camellos como ocurre  en Pakistán, gritan y se enloquecen porque uno gane matando o  asesinando al contendiente a picotazos, con espuelas o mordidas. Pero lamentablemente los humanos también compiten y vemos como en la peleas de boxeo o luchas de otros títulos, esa situación es casi igual en sus efectos.

   Vemos como las multitudes que asisten a los encuentros “deportivos” de luchas entre dos humanos, gritan enardecidos cuando uno de los dos golpea con saña al contrario, casi siempre al pecho, el estomago, la cara o la cabeza, El resultado final es que uno gana la pelea cuando propina más y mejores golpes, que en muchos casos lanza al rival ensangrentado al piso  y sin conocimiento.  

   ¿Cómo se puede criticar a los que con alevosía gozan de los desgarramientos que se producen entre animales de pelea, si se disfruta con estrepito y casi lujuria, cuando dos personas se  dañan sus caras y  cuerpos con puñetazos ante la presencia insensible  de miles y hasta son enviados en señales televisivas al mundo entero, como parte del gran juego  de los golpes? Algunos, según la historia y como resultado,  quedan con daños cerebrales de por vida.

   Hay que ver como una fanaticada frenética grita y se  excita al ver cómo se golpea el uno al otro en un ring, igual que en una plaza para peleas de animales. El gozo es en extremo semejante de morboso.

   Los juegos de los golpes es sin duda es  uno de los que mayor atracción y se acoge en el mundo entero, como si fuéramos salvajes en  una selva. O me equivoco…?

   Les habló, Roberto Solís Ávila