Mañana 23 de mayo se cumplirán 18 años de la muerte del torturador, asesino y déspota más importante de La Habana  durante la dictadura del tirano Fulgencio Batista.

   El 20 de diciembre de 1913 nació este aborto de una naturaleza extraña, por allá por Pinar del Rio  en Cuba. Se llamó Esteban y de apellidos Ventura y Novo.

Como nota  preliminar les traslado esta que salió en nuestra patria hace algún tiempo:

   “A la Morgue de La Habana, un edificio de dos plantas retirado en medio de la ciudad, llegaron más de 600 cadáveres de hombres y mujeres muertos por electrocución, golpes, ahorcamiento o balazos entre marzo de 1952 y diciembre de 1958. La cifra equivalía solo al cinco % de los asesinados en esos años por los órganos represivos de la dictadura de Fulgencio Batista, según el cálculo del director de la instalación, publicado por la revista Bohemia en febrero de 1959. Muchos más aparecerían después en enterramientos clandestinos. Otros nunca serían encontrados. La mayor parte eran víctimas escogidas al azar como escarmiento después del estallido de alguna bomba, del atentado a un policía, o de cualquier otra acción contra el régimen que tuviera repercusión pública.

Al principio se intentaba disimular los crímenes con cierto acatamiento de formalidades legales, aunque fuese post mortem. La policía informaba el “hallazgo” del cadáver y el forense iba, hacía sus exámenes y entregaba el despojo humano a los familiares.”

 Este sujeto despreciable e indigno de vivir, Ventura Novo, asesino de su víctima más joven, un niño de 15 años después de torturarlo personalmente, llamado William Soler y de tantos otros centenares de  cubanos convirtiéndolos en despojos humanos después de las torturas. Logra escapar la justicia revolucionaria en Cuba en la madrugada del primero de enero de 1959, junto a otros de su igual calaña y su máximo jefe, el dictador Fulgencio Batista y Zaldívar.

 Bajo sus garras perecieron un rosario interminable de víctimas de jóvenes revolucionarios y patriotas, entre los cuales se encontraban varios amigos y compañeros míos de lucha.

 Esta bestia pudo lograr vivir una vida sin tropiezos en Miami hasta su muerte en mayo del 2001. A veces me pregunto una y varias veces, ¿cómo fue posible que nadie, o algún familiar o amigo de cualquiera de sus víctimas, le ajusticiara en esta ciudad durante tanto tiempo…donde deambulaba y hasta tenía una oficina de guarda jurados, en plena Pequeña Habana? Así fueron las cosas en la vida y milagros de este criminal y torturador cubano que cumplió 88 de vida tranquila, aunque nunca con su conciencia ni las de sus acólitos tranquilas.

   Les habló, Roberto Solís Ávila.