Traducido desde el más allá por Max Lesnik

Si hubo un presidente norteamericano con visión de construir  un mundo mejor para toda la humanidad ese fue Franklin Delano Roosevelt, cuya política exterior estuvo encaminada a lograr una paz justa y verdadera con todas las naciones  del  orbe planetario independientemente de sus diferentes  sistemas políticos si bien para lograr ese noble  fin tuviera que enfrentar  el totalitarismo fascista que llevó a Estados Unidos a la cruenta II Guerra Mundial.

Su vida quedó trunca sin ver realizado su sueño  de confraternidad global pero su imagen queda  viva en el recuerdo como la  del  presidente estadounidense más admirado  en el resto  del  mundo, porque a pesar  de sus errores que también los cometió, su paso por la Casa Blanca dejó una estela de amistad y humanismo  que borraba en parte  la odiosa cara sucia  del imperialismo norteamericano.

Hoy vivimos otros tiempos y el sueño de Roosevelt ha quedado atrás sustituido  por una política exterior norteamericana de confrontación permanente  con casi todos los  países  del mundo, incluyendo  aún  aquellas  naciones  que se consideran aliadas  y amigas  de Estados Unidos.

El Presidente  Donald Trump  cree equivocadamente  que confrontando al  mundo hace más grande a su país, cuando  en realidad lejos de engrandecer  la imagen  de Estados Unidos, lo que hace  es resucitar la cara sucia del  odioso imperialismo que Roosevelt quiso dejar atrás  con su  política de “Buen Vecino” que  se  había ganado el  aplauso del mundo de su tiempo.

Donald Trump-  quizás  ni el  mismo lo sepa por  su ignorancia  de la historia-  se ha  convertido  hoy en el  asesino  del  sueño  roosveltiano  de un mundo mejor.

Y hasta la próxima entrega de El  Duende que con n mi gallo  me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.