“Como mueren las democracias”, es un libro escrito por Steven Levitsky, profesor de gobernanza en Harvard, y su colega Daniel Ziblatt, quienes alertan acerca de un proceso global que pone en peligro a los sistemas políticos más avanzados, incluida la democracia en Estados Unidos. Fue de los más leídos en 2018.

Todas las grandes doctrinas políticas vigentes, especialmente el liberalismo, el marxismo, y la socialdemocracia, reconocen a la democracia como la principal categoría política de la era moderna, pero ninguna ha logrado éxito completo en su implantación, ni cuentan con herramientas eficaces para protegerla. 

La democracia es un refinado producto de la cultura europea, que paradójicamente inició su difícil andadura en el Nuevo Mundo, específicamente en los Estados Unidos, donde ahora muchos la perciben en peligro. Se trata de una realización, aunque inacabada, imprescindible. La democracia no proporciona todas las soluciones, pero ofrece un horizonte eficaz a la convivencia humana. 

Simplificando las cosas, las democracias tienen tres grandes enemigos: los demagogos que prometen y no cumplen, los caudillos que engañan y no prometen, aunque tampoco cumplen, y los populistas que prometen mucho más de lo que hacen. Todos suelen acudir a la represión, descartan a las instituciones, y apelan a las multitudes. El neoliberalismo socava sus bases.  

En América Latina cíclicamente asumen el poder algunos de esos redentores que se presentan a sí mismos como mesías. Gentiles y autoritarios, persuasivos o represivos, ideológicamente contradictorios, son históricamente prescindibles. 

No importa si son generales o doctores, dictadores civiles o militares, violentos o persuasivos, detestan la democracia porque ella les pone fecha de caducidad. Su habilidad radica en buscar atajos para la historia, enarbolar consignas maximalistas, plataformas patrióticas y discursos nacionalistas con los cuales arrean a los pueblos a partir de particulares convicciones morales, caprichosos códigos de ética, y estilos paternalistas. Valientes y temerarios, reinan más que gobernar en inexpugnables falocracias. 

En América Latina la fragilidad de la democracia se expresa en aterradoras estadísticas. Tomando como base 25 países, entre 1902 y 2002 hubo allí 327 golpes militares. El país donde más se realizaron fue Bolivia con 56. En El Caribe se conocieron 15. En el Nuevo Mundo solo Estados Unidos y Canadá están invictos con cero golpes de estado. 

Uno de los hallazgos atribuidos a los autores es mostrar que los Estados Unidos están en riesgo porque ha aparecido un raro espécimen político en cuyo ADN, tanto nuclear como mitocondrial, se revelan rasgos que pudieran hacerlo políticamente teratógeno. El peligro radica en que, a pesar de la solidez de sus instituciones, la democracia americana puede carecer de antídotos eficaces. 

En 1835 Alexis Tocqueville hizo un retrato que, aunque no cesa de discutirse, proporciona una mirada optimista hoy puesta en duda: “Si hay algún país en el mundo en el que se pueda apreciar en su justo valor el dogma de la soberanía del pueblo, estudiarlo en su aplicación a los negocios públicos y juzgar sus ventajas y sus peligros, ese país es sin duda Norteamérica…” El desempeño de Donald Trump está poniendo a prueba esa percepción. 

Respecto al libro citado, The Washington Post opinó: “Ya estamos inundados de indignación, lo que necesitamos desesperadamente es una mirada sobria y desapasionada de la situación actual…” 

Según Paul Krugman, refiriéndose a los Estados Unidos dijo:Si quiere comprender lo que está sucediendo en nuestro país, necesita leer Cómo mueren las democracias”. 

The Guardian, manifestó:Académico y legible, alarmante y sensato… el mayor de los muchos méritos del libro es su rechazo al excepcionalísimo occidental. No hay vacunas en la cultura estadounidense que nos proteja, solo formas de hacer negocios que ahora se sienten decrépitas”

Por su parte, Wall Street Journal expresó:Los autores argumentan que las democracias no se destruyen debido a los impulsos de un solo hombre, en cambio, se degradan en el curso de una dinámica tit-for-tat (pagar con la misma moneda) …Donald Trump no es un dictador, pero es imposible leer “Cómo mueren las democracias” sin preocuparse de que nuestra decadencia colectiva de las normas democráticas pueda abrirle la puerta a alguien más abajo, tal vez incluso a uno de una persuasión ideológica completamente diferente «.

La democracia tradicional, única realmente existente, está en peligro. El libro de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt no la salvarán, pero vale la pena meditar sobre el riesgo. Allá nos vemos.