Traducido desde el más allá por Max Lesnik

Para nadie es un secreto que aún a pesar de los años transcurridos desde la proclamación de la llamada “Doctrina Monroe” en 1823, que los Estados Unidos sigue  considerando a la América Latina como si las naciones  situadas más  al  sur  de su territorio fueran su traspatio-  su Destino Manifiesto- en el cual tienen derecho  a  intervenir y  decidir sobre  sus gobiernos como  si el país norteño  fuera  el  amo y señor  de todo el continente  americano.

Lo  que  acaba  de ocurrir  en República Dominicana es el  mejor ejemplo de que la vocación imperial  de Estados  Unidos se manifiesta nuevamente en toda  su vigencia, aún  a pesar  de que  el  Presidente norteamericano  Donald Trump  dice  ser  un  verdadero “nacionalista”  contrario  a la  intervención  de su país en la política interna   de otras naciones del  mundo,  y mucho menos en América Latina,  a pesar de que  dicha afirmación  es  desmentida por  la  conducta  de  Washington en cuanto  a Cuba, Venezuela  y Nicaragua, naciones libres  y soberanas  a las cuales la administración actual  Republicana  trata  de descarrilar con su política  agresiva  de la  llamada “Doctrina  de cambio  de gobierno”.

Los hechos  son los  hechos. El Secretario  de Estado  de  Estados  Unidos Mike Pompeo  un día  de esta semana  de Julio  hizo una llamada telefónica  desde Washington al  Presidente  dominicano Danilo Medina  para  comunicarle- como si fuera  una orden imperial-   que  en nombre del  Presidente Trump  y del  gobierno norteamericano que no  veía  con buenos  ojos que el  Congreso dominicano  aprobara  una reforma  constitucional  que  permitiera  la  reelección de Medina  a la presidencia  de su país.

No  se trata de si se debe  o  no modificar  la constitución dominicana para  permitir  la  reelección presidencial. De los  que  se trata es de que  tal  cuestión  es  solo  de la  incumbencia  del  pueblo  dominicano  y no de la grosera intervención  de un gobierno  extranjero.

Es la  mano larga  y peluda de  Mr. Pompeo interviniendo  suciamente  en la  soberanía  de  una  nación  latinoamericana. Los hechos  son los  hechos.  Digo yo.

Y hasta la  próxima entrega  de El  Duende que con  mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay