Con un poco de luz en la frente no se puede vivir donde manden tiranos”, este era el lema que movía y a los jóvenes revolucionarios de todas la épocas de las luchas patrióticas en Cuba. Dos amigos y compañeros de esa lucha anti batistiana a finales de la década del los cincuenta, Pedro Martínez Brito (Pájaro Loco) y José Rodríguez Vedo (Tato) caen bajo las garras sanguinarias de los esbirros de la época, ya se cumplen ahora 68 años de aquellos hechos.

   A ambos los conocí y compartí muchas actividades en el Miami de esos años, en recolectas de recursos monetarios y de armas para los combatientes de las luchas en ciudades y montañas cubanas. Aquí se trabajaba mucho en esos fines y ambos fueron además de mis amigos, mis maestros aunque en el caso de Tato éramos de la misma edad, Pájaro Loco era solo tres años mayor.

  Ambos tuvieron que emigrar para salvar sus vidas pero no demoraron en ese empeño, pues volvieron a la isla a seguir combatiendo con las ramas en las manos, las ignominias de aquel régimen de oprobios. Recuerdo que mi madre, costurera entonces, fabricaba brazaletes  para el Directorio Revolucionario y le hizo una especie de canana para peines de pistolas que llevaría a su regreso a la isla. En esa época no existían detectores de metales en las entradas de los aeropuertos

   El 10 de julio de 1958, son sorprendidos por los esbirros en el apartamento 27 del edificio 459 de la calle B en el Vedado. Tato se lanza por la ventana y se fractura ambas pernas  y dese esa altura los criminales lo ametrallan. A Pájaro Loco, lo apresan cuando se logra deslizar por una ventana, lo interrogan y golpean para que delate a otros compañeros y como no lo logran lo asesinan en el lugar. Ambos fueron arrastrados hacia la calle para que sirvieran de escarmiento al vecindario. Entre los criminales estuvieron Rosabal, Mirabal y Claviño, quien fue ajusticiado cuando fue captiurado al desembacar con los mercenarios de Girón.  

   Tato veterano de los hechos del 13 de marzo de 1957 como miembro de Directorio Revolucionario, Pasa al exilio, en Panamá, New York y Miami. Regresa a Cuba y participa en los preparativos para recibir a los expedicionarios con Faure Chomón que arribaron el 8 de febrero por Nuevitas, Camagüey. Tato compartió mi vivienda con mis padres en Miami por un tiempo, incluso cuando aun convalecía de un  accidente, donde se fractura una clavícula. A esa corta edad de 19 años, no se puede exhibir una cuajada de premios, títulos y medallas. Todo los esos jóvenes solo  pueden ofrecer el sacrificio de  sus  vidas para lograr derrocar la tiranía que oprime el pueblo.

  Aquella era también una lucha como la de Martí, una guerra necesaria y tanto  Tato como Pájaro Loco, no dudaron en poner contra la violencia animal, la violencia revolucionaria.

   Cuando en una ocasión visité el hogar de Tato en Camagüey, no pude evitar estremecerme de emoción ante un gran cuadro con el Tato en la sala de su casa, de aquellos años como si estuviera vivo ahora.

   Les habló, Roberto Solís ävila