Hoy no aburriré mucho a mis lectores de Crónicas de Miami. Pero de todas formas lo que publicaré fastidiará sobremanera a los archi reaccionarios plumíferos de la prensa y televisión local, sean fanáticos del boxeo o no.

      Reproduciré una reseña sobre Miguel Díaz-Canel, gobernante nada del gusto de los medios masivos de comunicación de Miami, los que con ánimo de descalificarlo lo llaman “presidente designado,” como si careciera de talento y autoridad para su labor. Pero obviemos la historia, obviemos las diferencias entre las dos naciones y saquemos cuentas de cuántos de los poderosos políticos de por acá poseen anales que alcancen al del cubano, sin excluir al que está en la cúspide, multimillonario prepotente, ridículo y colegialmente ignorante. Eso sí, con nota de sobresaliente para decir falsedades a cadencia de tiro de ametralladora. 

       Por supuesto, en el señor Trump habría que reconocer aptitudes para hacer dinero en abundancia, aunque se desconozca bajo qué métodos lo ha hecho, pues rotundamente se niega incluso a que su declaración de impuesto sea conocida por una nación que le dio más votos a la Clinton que a él, pero que por tradiciones en métodos electorales resultó designado como presidente de los Estados Unidos.   

      Veamos parte del  artículo titulado “En alza el presidente cubano (II)” que publicó el periódico La Jornada de México el pasado 12 de julio y firmado por Ángel Guerra Cabrera, cubano radicado en tierra azteca, quien como periodista ha estado en Asia, África, Europa, América Latina y Estados Unidos y fue director del diario Juventud Rebelde. 

      Ángel Guerra, sin proponerse hacerles guerra, sin pensar en ellos, reseñó lo que bien conocen los cubanos de la Isla y que en Miami la manada de bien pagos plumíferos quiere desvirtuar con sus habituales mentiras o medias verdades mal intencionadas. 

     “Díaz-Canel –señaló– egresó como ingeniero eléctrico de la Universidad Central de las Villas. Pasó el servicio militar en unidades coheteriles antiaéreas y al concluirlo en 1985 regresó como profesor durante dos años a su Alma Máter, en donde también fue dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

     “Posteriormente cumplió misión internacionalista en la Nicaragua agredida por el gobierno de Ronald Reagan. A su regreso, fue líder dela UJC en la provincia de Villa Clara y segundo secretario de su Comité Nacional. 

     “En 1994, recién iniciada la crisis originada por el desplome soviético y el redoblamiento del bloqueo, fue electo primer secretario del Partido Comunista en Villa Clara y más tarde con igual responsabilidad en la extensa y poblada provincia de Holguín.

      “Es generalizada la apreciación de su exitosa labor como jefe partidista en ambas provincias, caracterizada por una relación muy estrecha con la población y diversas iniciativas para hacer la vida menos dura y más rica culturalmente en tiempos muy difíciles, así como una política muy inclusiva de la diversidad, incluida la sexual. 

     “En mayo de 2009, el villaclareño fue designado ministro de Educación Superior, cargo desde el que emprendió varias reformas de importancia hasta que en 2012 fue designado vicepresidente del Consejo de Ministros encargado de la educación, la ciencia, la cultura y el deporte. El 24 de febrero de 2013 fue elegido primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, cargo en que permaneció hasta abril de 2018, cuando fue electo presidente. 

      “De él Raúl ha dicho: El compañero Díaz-Canel no es un improvisado. A lo largo de los años ha demostrado madurez, capacidad de trabajo, solidez ideológica, sensibilidad política, compromiso y fidelidad a la Revolución.

     “Díaz-Canel no sólo goza de simpatía en el pueblo en general. Es apreciado y respetado entre los intelectuales, artistas, científicos y deportistas. Me consta el diálogo que mantiene con la comunidad científica y lo encontré como un hijo de vecino y compartiendo con los asistentes en uno de los conciertos de Silvio Rodríguez por los barrios. Ávido lector y asiduo asistente a conciertos, obras de teatro y justas deportivas, ha dicho: ‘Por las profesiones de mis tres hijos y de mi esposa, la cultura está de manera casi permanente en nuestras vidas. Por imperiosa necesidad del espíritu, no sabríamos vivir sin acceso a las artes.’

     Hasta ahí el fragmento de Ángel Guerra. Dejaremos a un lado al inculto Donald Trump, el cual incluso se ha ganado la enemistad de casi toda la prensa norteamericana. Ahora usaremos la imaginación y nos situaremos como espectadores en un ring de boxeo político al que asisten los plumíferos del Herald, la radio y televisión para cubrir la pelea por el título de mejor trayectoria pública. Pelea entre el cubano Díaz-Canel, al que califican sin técnica alguna, y el favorito de ellos, estrella fulgurante de la política en Miami, el senador Marquito Rubio, tan encomiado que hasta para candidato por la pelea presidencial republicana aspiró echándole entonces con el rayo a otro de los tantos contendientes, al considerado seguro perdedor, a un Donald Trump al que ahora adulonzón sonríe. 

     Pero dejemos la cháchara: ¡ya sonó la campana! Comienza el primer round. ¿Cómo se desarrollará la pelea? Cuál será el veredicto? 

     Vuela el primer segundo… vuela el segundo… apenas empieza el tercero y… ¡¡¡Nocao!! Marquito se desploma sobre la lona. El referee comienza el conteo. Juan Manuel Cao, Oscar Haza, y Pedro Set Set le gritan: “¡Despacio… despacio…” y el referee llega al diez muy lentamente… 

     Pero del ring hay que sacar como un saco de papas a una apagada estrella miamense. 

      Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.