Aunque en Dinamarca  se han tomado  como  una broma  de mal  gusto la proposición  del  Presidente Donald  Trump de  comprar   la isla de Groenlandia  al  gobierno danés por la suma  de mil  millones de dólares, los dinamarqueses y los pobladores  de ese isleño  territorio que goza  de cierta autonomía  de dicho  reino europeo,  para ellos  más que  un chiste pesado,  es  una ofensa grave a su  dignidad como pueblo civilizado, puesto que no  se trata de adquirir una  finca que incluya esclavos,  puercos  y vacas  que conforman  una propiedad puesta  a la venta en remotos tiempos de pasados  siglos.

Por otra parte hay que decir que para los  habitantes de Groenlandia, de ser comprada  esa isla por  Estados Unidos, conllevaría para  ellos convertirse en una especie  de Puerto Rico,  una colonia de segunda mano,  en la que por  imperar las  leyes  de la nación norteamericana, perderían  todas las ventajas  sociales  de que actualmente  allí disfrutan de acuerdo  al  sistema  vigente  en esa isla dinamarquesa.

Ya quisieran   los  norteamericanos tener para  ellos un sistema  político   y social  que garantice, como en Groenlandia, salud  universal  sin costo   alguno en fármacos y atención médica, una enseñanza gratuita  a todos  los  niveles  de la  educación,  incluida  la  universitaria,  cinco semanas  de vacaciones pagadas al  año, una ley  de retiro a edad temprana,  subsidio  económico para niños  y ancianos  desamparados, así como leyes de tenencia  de armas  que garantizan la  paz  ciudadana donde la  delincuencia  esta reducida  a niveles  mínimos para beneficio  de la familia  groenlandesa.

El chiste insultante  del Presidente Donald Trump proponiendo la compra de  Groenlandia para hacer de  esa isla  parte  del  territorio  norteamericano, pudiera ser más productivo, serio y mejor haciendo el  trato  al  revés: Que Dinamarca adquiriera  a Estados  Unidos para  establecer aquí un sistema  social más justo y  popular  como el que está  funcionando en Groenlandia.

Lo digo en serio. ¡Ojala Estados Unidos fuese cómo es  hoy Groenlandia!

Les habló para Réplica  de Radio-Miami  su director Max Lesnik.