Para los neoyorkinos Rudy Juliani,  el abogado personal  del  Presidente  Donald Trump  en sus problemas legales en relación a  su posible juicio  político  ante el  Congreso norteamericano,  es un  hombre bien conocido por  ellos puesto que fue alcalde  de esa ciudad,  la más grande de  Estados  Unidos y como  tal  se dice que no lo hizo  del  todo   mal.

Sin embargo para buena parte de  los  Estadounidenses Juliani es alguien que se ha colocado  en la primera plana  de las   noticias  a partir  de convertirse en el “defensor”  público  del  Presidente  Donald,  haciendo  valer sus habilidades  de abogado “marañero” capaz de enredar las cosas  de manera tal  que su cliente , aunque sea  un Diablo, es presentado  como un ángel  celestial  víctima  de  una conjura  de sus perversos  enemigos- los  Demócratas del  Congreso- que quieren sacarlo  a toda costa, por  las malas,  de la Casa Blanca.

Sin embargo  en Miami donde  se asienta  el  núcleo de los  cubanos  de la  extrema derecha extremista anti-castrista  el  nombre de Rudy  Juliani  tiene una especial  connotación  por haber sido este   el  Fiscal  Federal  de New York  que  llevó a la  cárcel con una  dura condena de cadena perpetua al  cubano Eduardo  Arocena acusado del  delito  de terrorismo como  jefe  del grupo  conocido  como “Omega 7”.

Han pasado  los  años  y Arocena  sigue  tras las  rejas- más años  de la  cuenta, digo yo- mientras que  los politiqueros  cubanos  de la  extrema derecha  de Miami  hacen loas  de Juliani por  su defensa  al  Presidente Trump, olvidando su actuación  de cuando antes  de ser  alcalde  de New York  o  defensor  ahora  del actual  inquilino  de la Casa Blanca, fue   el  implacable  Fiscal  Federal que le  botó  las  llaves  de la  cárcel al cubano  Arocena.

¿Sera cierto  aquello de que con  las nuevas glorias se olvidan las malas memorias?   Ahí  se las  dejo y los  pongo a pensar.

Y hasta la próxima entrega de El  Duende que con mi gallo me voy catando a mi tumba fría. Bambarambay.