A todo dar fue el  espectáculo organizado por el  gobierno del  presidente  Xi con motivo de la celebración del 70  aniversario de la fundación en el  año  1949  de la República Popular   China, una Revolución comunista  obrera  y  campesina que llegó al  poder bajo  el mando  de su líder indiscutido Mao-Tse –Tung.

El desfile  militar que se llevó  a cabo en la  Plaza de Tiananmen- lo vimos  por  televisión-  en el  que se mostraron por  primera vez las  más  modernas  armas  de guerra del  gigante  asiático, capaz  hoy de enfrentar con éxito el poderío atómico de  Estados Unidos,  a lo que siguió una  impresionante manifestación popular  que sirvió  para demostrar  al  mundo la disciplina entusiasta  de un  pueblo  unido que quiere la  paz, pero que no se doblega  ante  las amenazas que vengan  de cualquier potencia extranjera.

El mensaje  es muy  claro y debe ser interpretado como una señal de advertencia  que nos dice que la China Comunista está  muy lejos  de ser  hoy,  después  de su  Revolución lo que fuera antes  esa nación   asiática, plagada entonces  de  mil vicios ,errores y corrupción  que  la hacían víctima vulnerable de la codicia  de los distintos  imperios  voraces  de aquella  época,  antes y después  de la  Segunda Guerra Mundial.

Lo que  China enseñó  al  mundo en los festejos por  el aniversario  de su Revolución es,  sobre todo, que el gigante asiático no  es un “Tigre carnavalesco  de  papel  maché.  Los chinos  con  su cultura milenaria tienen muchas  virtudes, entre  ellas  la  paciencia. Esperaron  setenta  años  para decirle a occidente  que  con China  hay que contar y que nunca más  será esa nación  segunda  de nadie.

Los chinos de ahora ya no son  aquellos  humildes cocineros  de   arroz  frito y sopa  de aletas  de tiburón, o  lavanderos  de ropa  sucia o  expendedores  de  frituritas  de bacalao   y de cucuruchos de   maní  tostado o pregoneros  de billetes de lotería  como se les  retrata en las viejas  postales  descoloridas  de la “Cuba  de ayer”.

China Comunista  es hoy  por  hoy  toda una potencia mundial de primer orden. El león dormido que Napoleón tanto  temía está bien alerta  y despierto. El mensaje se vio bien  nítido  en la  Plaza  de Tiananmen.

Les hablo para Réplica  de Radio-Miami su director Max Lesnik.