CUBA. NUEVO GOBIERNO Y OTROS HORIZONTES

Jorge Gómez Barata

En varias ocasiones, Fidel Castro razonó sobre el hecho de que para
los líderes en los países capitalistas la tarea de gobernar era más
llevadera que en el socialismo porque, excepto algunos indicadores
globales, ellos apenas tenían que ocuparse de la economía y de la
administración, cosa a cargo de propietarios, empresas y negocios
privados.

A esta reflexión habría que añadir que muy pocos de los gobernantes en
ejercicio tienen compromiso con su pueblo tan difíciles de honrar, ni
soportan presiones internacionales como los de Cuba y, en ninguna
parte del mundo el presidente tiene que conducir una rectificación tan
profunda como la que se requiere en la Isla ni empeñarse en diseñar un
modelo económico exclusivo para el país.

Este último aspecto quizás sea a la vez el problema más urgente y
complejo que deberá encarar el gobierno que el próximo diez de octubre
asumirá y que presumiblemente estará integrado por las mismas
personas, aunque con una distribución de las funciones y del poder
diferentes.

Cuba que conserva las arcaicas estructuras y superestructuras del
modelo socialista del siglo XX, basadas no en datos de la realidad
económica y social nacional, sino en premisas teóricas e ideológicas y
en algunos dogmas, necesita entronizar fórmulas que a corto plazo y
sin grandes financiamientos públicos, mejoren la eficiencia económica,
generen empleos, aumenten la productividad del trabajo y provean
bienestar. Para ello, la única fórmula posible es el fomento masivo de
pequeñas y medianas empresas privadas.

No obstante haberlo acordado en las máximas instancias partidistas,
hasta hoy los ejecutivos políticos y gubernamentales cubanos, así como
el sector de la administración pública vinculado a la economía, asumen
esa alternativa como un mal necesario, teniendo a los trabajadores por
cuenta propia y a los pequeños negocios, como compañeros de viaje o
aliados temporales, y no como parte fundamental del nuevo modelo de
desarrollo que algún día pudiera conducir al socialismo sostenible e
inequívocamente democrático al que se aspira.

En menos de diez años sin apoyo real, los trabajadores por cuenta
propia han generado alrededor de un millón de empleos y aportan más
del diez por ciento de los ingresos al presupuesto, brindan servicios
de alimentación, transporte, mantenimiento, reparación, recreación y
otros a millones de personas, sin que el estado haya erogado un solo
centavo ni empleado un solo funcionario para estimular su gestión.

Las pequeñas y medianas empresas, en todas las áreas, incluyendo la
alta tecnología, la importación y exportación, cuyo fomento no
competiría con la sobrestimada y sobre protegida empresa estatal
socialista, no solo son la mejor oportunidad, sino la única para, a
corto plazo, sin inversiones estatales ni apelaciones ideológicas,
generar no menos de un millón de empleos, proveer eficiencia económica
y realizar aportes sustanciales al presupuesto nacional y al PIB.

Por otra parte, la creencia que la cuestión económica es el único
componente del modelo que habrá que rediseñar, puede ser una grave
omisión. La formación de los consensos sociales, la dirección de la
sociedad y la administración de la cosa pública, se realiza desde y
por las estructuras políticas.

En ambos aspectos (económicos y políticos) queda por considerar la
cuestión externa y la integración a los procesos económicos y
políticos regionales y mundiales. Al poseer un modelo económico y
social exclusivo y que, no solo no embona, sino que entra en
contradicción con el existente en el resto el mundo, la integración
cubana a los procesos globales resulta extremadamente difícil. Vivir
con la adarga en ristre, combatir el capitalismo en cuanto foro e
instancias se presenta la oportunidad y cultivar una apreciación local
de asuntos universales como los derechos humanos, hace difícil
establecer importantes alianzas y entre otras cosas, ahuyenta la
inversión extranjera.

Con una economía abierta y de tradiciones exportadoras ancestrales,
Cuba no tiene un solo tratado de libre comercio, carece de zonas
francas, no acoge a pequeños y medianos empresarios extranjeros, son
pocos los profesionales, científicos, profesores y entrenadores
extranjeros que trabajan en la Isla y menos los que se radican en
ella. Las publicaciones foráneas y las novedades literarias, brillan
por su ausencia.

Debido al bloqueo de Estados Unidos y a políticas y prácticas
vernáculas que exageran el componente estatal y oficial en todos los
asuntos, sobredimensionan los factores ideológicos, magnifican las
alertas de seguridad y aplica políticas migratorias antediluvianas, la
Isla basa su desempeño en una autarquía imposible.

En cualquier caso, Fidel Castro tenía razón. Para otros es más fácil;
sin contar el esmero local para hacerlo todo más difícil. En unos días
el país será gobernado por las mismas personas, pero, quizás en
algunos asuntos, lo hagan de manera más contemporánea con el presente
y menos atada preconceptos que actúan como limitantes auto impuestas.
Buena voluntad y experiencia no les falta y poseen calificación.
Necesitan audacia, lucidez y suerte. Para ellos, todo nuestro apoyo.
Allá nos vemos.