En este episodio de ‘Keiser report’, Max y Stacy hablan de los desafueros de la economía financiarizada, que acaba con la innovación y monetiza y dilapida la riqueza: General Electric anuncia que congela los beneficios de las pensiones tras reparar en que las recompras de acciones casi la han llevado a la quiebra. En la segunda parte, Max sigue hablando con Alasdair Macleod, de Goldmoney.com, sobre el negro futuro que tendría el dólar si China anuncia que tiene 20.000 toneladas de oro.

Uno de los temas centrales de este programa trata sobre el futuro geopolítico del mundo cuando se produzca una posible nueva gran depresión, similar a la ocurrida en los años 30 del siglo XX. Max y Stacy estiman que existen todas las condiciones para que suceda, mientras que Alasdair MacLeod, de Goldmoney.com, opina que tras una nueva gran depresión económica EE.UU. perderá su hegemonía y dará paso a un mundo multipolar.

Si ocurre, habrá dos «estructuras de poder fundamentales«: por un lado, EE.UU. «mantendrá gran parte de su poder gracias a que cuenta con la divisa de reserva mundial»; por otro, «el triunvirato» compuesto por China, Rusia e Irán —a los que se uniría India— formará un bloque que «controlará Europa del Este y toda Asia», sostiene MacLeod.

El invitado considera que el fin del dólar estadounidense llegará cuando Pekín se canse de las sanciones y aranceles de Washington y anuncie cuánto oro posee en sus reservas, ya que controla «todo el mercado físico» de ese metal «o, al menos, una parte importante», con lo cual si revela esa cantidad será como «lanzar un arma nuclear sobre el mundo de las finanzas».

De hecho, MacLeod destaca que China «está gestionando su economía de tal forma que sus exportaciones a EE.UU. cada vez tengan un peso menor, porque sabe que es lo único con lo que Washington puede hacerle daño«.

Según su opinión, el hecho de que EE.UU. ataque a Pekín y sus socios provoca que naciones como Rusia adopten otras monedas en sus transacciones en detrimento del dólar y fomenta una «interesantísima» relación entre China, Rusia y Arabia Saudita.

«El problema» de Riad es que «sus principales clientes son los países asiáticos» y, aunque no vende petróleo a Washington, utiliza el dólar como unidad contable en sus exportaciones energéticas, mientras que eso «está dejando de tener sentido para los países en cuestión», advierte Alasdair MacLeod.