En Cuba, aun con toda la embestida económica y política de un muy poderoso megalómano presidente, lo que causa carencias económicas de todo tipo, no se mendiga y se atiende a los niños con cáncer o cualquier enfermedad de manera gratuita, aunque sean hijos de un rico dueño de negocio privado. Humanitarismo que no deja de existir en países capitalistas desarrollados, como Noruega, España, Canadá, por citar tres ejemplos. Así que digamos que no es cuestión de capitalismo o socialismo. Más bien tendría que ver con lo que predicó aquel nazareno que tuvo cicatrices en las manos y los pies y era seguido por gente humilde, mendigos, perseguidos, leprosos y por una docena de locos incondicionales que luego resultaron los Apóstoles del Cristianismo. Y en esa historia que ya marca a la humanidad por más de dos mil años no olvidemos que el Nazareno a latigazos echó del templo a los mercaderes. 

     ¿Será que el gobierno de Cuba sin darse cuenta hace sesenta años se ha hecho a su manera seguidor de ese hombre de 33 años, tez morena, barba y cabello largo? Habría que ver. Al menos en la Isla, golpeada de mil maneras desde hace seis décadas no hay que presenciar bochornosos y dolorosos anuncios como los que se ven o, mejor dicho, se sufren en los multimillonarios canales televisivos de la nación más rica del mundo. A diario mendingan centavos para hospitales de niños con cáncer y otras discapacidades. Las caritas inocentes de esos infelices que como adoloridos angelitos salen en TV, hacen sufrir, dan ganas de llorar o alzase en los Apalaches. Anuncios que estarían bien en países como Guatemala, Haití, Honduras o Nigeria, Pero no en una sociedad que siendo la más rica y que se proclama cristiana, democrática, la mejor del mundo, las fortunas en los bolsillos de muchos que también dicen ser cristianos y adalides de su paradigma político alcanzan montones de miles de millones de dólares y hasta los impuestos, para que se enriquezcan más, el gobierno se los disminuye. Pero para atender a esos infortunados chicos parece no alcanzar el presupuesto y desde las pantallas vemos como dicen al televidente: “Usted con solo unos centavos diarios puede salvar la vida de uno de esos niños” Es asombroso. Es inaudito.

     Llama poderosamente la atención que en 1950 los ultra millonarios pagaban de sus ingresos totales el 70 por ciento en impuestos. Pero en 1980 se les redujo a un 47 y, como si fuera poco, actualmente solo contribuyen con un 23 por ciento. Asombroso también. Inaudito también. Pero hasta eso se podría aceptar si tantos millones de dólares que rumbean por el país se distribuyeran mejor y hubiera presupuesto, al menos, para esos angelitos que sufren cáncer y otras discapacidades, quienes con sus vocecitas adoloridas mendigan centavos por la TV para ayudar a su tratamiento y cura. ¿Es justo eso? ¿Es cristiano? Y repito la pregunta: ¿Es cristiano?

     Sin embargo, en el año fiscal del 2019 Washington destino a su presupuesto militar una suma similar a la que gastaron Inglaterra, Alemania, Japón, Arabia Saudita y China, todos esos países juntos. Nada menos que 649 mil millones de dólares. Pero dejemos a un lado los asuntos de guerra, el avión privado del presidente, el espectacular Trump Force One, en alusión al clásico avión presidencial Air Force One, entre otros detalles, posee habitaciones y servicios de lujo, y la ducha, los lavamanos y los broches de los cinturones de seguridad están chapados en oro de 24 kilates. Y digo esto como un ejemplo general, no como crítica específica al millonario inmobiliario que resultó presidente.

     A algunos, aunque parezca increíble, les he oído decir que nada de eso es chocante, que no está mal y que siempre ha sido más o menos así. Y tal vez haya hasta quien piense que esta crónica ha sido financiada por algún oro ruso-chino-cubano, pues el autor no valora que cada país sabe lo que hace. Y más éste, el mejor del mundo. ¿Pero qué diría el Nazareno si viera lo que la ambición de ciertos seres humanos ha hecho del mundo que su Dios creó. Si viera cómo se  distribuyen las riquezas. Si viera el sufrimiento ajeno, más si de infelices niños se trata ¿Tomaría de nuevo el látigo?

    Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.