LA BELLA Y LA BESTIA

Dice  una popular  tonada  que “sorpresas te da la  vida,  la vida  de da sorpresas”. Y eso es lo que  va a  ocurrirle a  los  aspirantes políticos Republicanos  del sur de La Florida  en las próximas elecciones  norteamericanas del año  2020 cuando  se cuenten  los  votos y reciban  la mala  noticia  de que el voto  cubanoamericano se fue  de calle  en favor  de los  candidatos Demócratas que  hayan  defendido  públicamente la  política  de  relaciones  normales con Cuba,  tal  como se establecieron  en el  último año de   la administración del  Presidente Barack Obama.

«!Todo  mundo  y su tía !» sabe que  la política  de agresiones  a Cuba dictada  por  el  gobierno  del Presidente Donald Trump está  dictada  por  razones electoreras  basada  en la falsa premisa de  que  con ella  los  Republicanos  ganarán así  el  Estado de  La  Florida, gracias  a los  votos  de la  extrema  derecha  cubana  de Miami.

En realidad  la  política  de  “apretar las tuercas  a Cuba”  es del  todo  contraproducente  para  los  Republicanos del Condado Miami-Dade, por  cuanto  esas medidas  de agresión  afectan directamente  al  pueblo  cubano,  tanto  a los  que viven en la isla  como a los  que residen  en Estados  Unidos, especialmente  en el  tema de los  viajes familiares  a Cuba,  puesto  que  con dichas restricciones  se agrede  en lo  más profundo a la  familia  cubana de ambos lados  del  estrecho de La  Florida. Se impone  pues un “voto  de castigo”  en Miami.

Por lo  pronto  el Congresista Republicano  Mario Díaz Balart – Trumpista  y tramposo anti-cubano-Representante  por  el Distrito 25 de La Florida, tiene ya  un contrincante.  Se trata  de   la  Joven Demócrata  Yadira Escobar  que acaba  de  anunciar  su decisión  de  aspirar  a  ese  escaño  cameral  teniendo en su agenda la  consigna de que  con la  familia  cubana no se  juega  ni  se hace politiquería  barata.  A lo que habría  que  habría  que añadir  aquello  de “Vergüenza contra  Dinero”  y  a “Barrer con  los  ladrones”.  Digo  yo.

Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba  fría. Bambarambay.