Hace unos días alguien me preguntó si yo creía que Cuba “podría ser libre en algún momento de la historia”.

En un ambiente como el de Miami, la pregunta se las trae. Generalmente viene cargada de mala leche. Pero el inquisidor en cuestión, no tiene razones ni emociones para ser persona vengativa, revanchista o abanderado de odios inútiles.

Le contesté de inmediato: “en cuanto Estados de Unidos deje de amenazar al país, imponerle inmorales sanciones que le dificulten la vida a sus ciudadanos y abandone sus políticas injerencistas y el vicio de creerse acreedor absoluto en cuestiones de sistemas políticos y administración de la economía, podremos decir que Cuba habrá alcanzado su libertar”.

La persona sonrió y me dijo: “me refiero a la gente ¿será el cubano de la Isla libre?”. Extrañado lo miré diciéndole que la respuesta estaba implícita en lo que acababa de decirle. “Porque la libertad es muy relativa y no voy a contestarte con un sofisma, diciendo que no habrá libertad para matar, porque obviamente, la libertad de hacer muchas cosas estará coartada por la ética, la moral y las costumbres”.

El mundo ha ido avanzando en la medida que la información va llegando a todos los rincones y las personas, en mayor cuantía, estudian y se preparan de tal modo, que cada día la procesan mejor. Ese proceso ha hecho que los valores cambien. Ya no resulta tan fácil que las personas coincidan, ni siquiera en términos generales, con ideas y preceptos que, hasta hace poco, servían de brújula a instituciones, pueblos y partidos. Es más, los ciudadanos dudan más cada día, de los partidos políticos o de las élites políticas acuarteladas en instituciones bautizadas con diferentes nombres y sacralizadas como santos agoreros, a fuerza de repeticiones discursivas que antes enardecían a las masas y hoy las aburren.

Con el pasar del tiempo los ciudadanos se hacen más libres porque identifican cada día con mayor claridad, que las barreras dentro de las cuales vivieron sus antepasados, no les protegen de igual manera en la actualidad. Los relatos y leyendas que hicieron posible el presente, comienzan a ser el obstáculo para el futuro que sus nuevos valores vislumbran.

El ciudadano cubano, le dije al amigo, será más libre, pero no lo encasilles dentro de tus conceptos libertarios. Será más libre porque, poco a poco, las limitaciones a su conducta no vendrán de arriba, de algún oráculo maravilloso o leyenda convertida en realidad. Será más libres, porque los procedimientos administrativos del país tendrán la frescura de su juventud y para suerte, no para desgracia, muchas cosas del pasado serán asumidas como simples historietas de ciencia ficción que lejos de desvelarlos, serán como esos fantásticos cuentos de hadas que ayudan a desatar las mejores iniciativas del alma, mientras dormimos plácidamente, esperando la mañana.

El mundo está cambiando y Cuba no es la excepción, pero con ideas manidas y falsos prejuicios, no podremos entender su realidad.

Los extranjeros, ajenos a la historia y al desarrollo de las ideas de las últimas décadas, culparán de todo al gobierno. El gobierno, acuartelado aún en la Revolución de Octubre, achacará la lentitud del desarrollo al Bloqueo estadounidense (imperialista para decirlo con la consigna de su tiempo). Y aunque todos tendrán razón, ninguno expresa con su decir o su conducta, la verdad del asunto.

Hay mucha tela por donde cortar, pero no se trata de hacer un vestido con toda la tela producida en el telar. Se trata de saber por dónde cortamos y qué piezas unimos.

La libertad es algo muy abstracto, pero cada instante histórico y, sobre todo, para ir a lo concreto, cada generación tecnológica, no importa cuánto media entre una y otra, tiene sus normas y dentro de ese cumplido realiza su propia libertad.

*Nota: Este trabajo se publicó originalmente en el Periódico  Por Esto de México