Aunque no ha sido oficialmente declarado, Cuba atraviesa una
emergencia económica caracterizada por el recrudecimiento del bloqueo
de los Estados Unidos, que avanza hacia un cerco naval y aéreo total.

A ello se suman enormes tensiones en la economía interna, asociadas
con la producción, la productividad, el empleo, el endeudamiento, la
liquidez, y la carencia de divisas.
Ocurre así casi una década después de que el Comandante en Jefe Fidel
Castro subrayara que el modelo vigente era inviable, ante lo cual, el
entonces presidente Raúl Castro, señaló que se había terminado el
tiempo, y emprendió la rectificación que inexplicablemente después de
un período de dinamismo, perdió velocidad y presencia hasta llegar a
ser un fenómeno del cual apenas se habla.

En aquel momento se sabía que no bastaba con tratar de salvar el
modelo de gestión social vigente, sino que era necesario remodelarlo.

Aunque nunca supe por qué, apareció la idea de que era posible contar
con una participación decisiva de la inversión extranjera directa,
posibilidad que si bien no debe descartarse, nunca fue una opción
cierta, debido a las sanciones de Estados Unidos que ahuyentan al
capital extranjero. El dinero es cobarde y evade los riesgos.

Esa situación y el entorno regional e internacional desfavorable
obligan a implementar un programa coherente de desarrollo emergente,
capaz de ofrecer resultados a corto plazo, basado sobre todo en los
esfuerzos y recursos nacionales. La percepción de urgencia aconseja la
aplicación de medidas que pueden no gustar, pero ofrecen soluciones.

Al respecto, la mejor oportunidad y quizás la única radica en la
promoción de las pequeñas y medianas empresas en el sector productivo,
incluidas áreas de alta tecnología, en lo cual es posible avanzar a
partir de las bases creadas por el trabajo por cuenta propia, que en
menos de una década ha generado casi un millón de empleos.

Apoyadas por el estado y asociadas con sus empresas, con estímulos
fiscales y apoyos crediticios (no subsidios), las pequeñas y medianas
empresas dotadas de tecnologías, maquinarias, herramientas, y
transportes contemporáneos, en locales e instalaciones apropiadas,
adquiridas con sus propios recursos, podrán no sólo generar empleos,
sino aumentar la producción y la productividad del trabajo, estimular
la innovación, asimilar encargos estatales y aportar a la exportación,
influyendo en el bienestar general.

Asociadas al fomento de estas entidades, la venta en divisas de bienes
de consumo recientemente aprobadas, pudiera expandirse a herramientas
y equipos, maquinaria agrícola, máquinas-herramientas, aperos de
labranza con o sin motor, y otros elementos como materias primas y
materiales de construcción, ferretería pesada, semillas y
fertilizantes, y todo cuando se necesita para producir, generar
empleos y crear riquezas que redundan en bienestar.

Para evitar la erogación de divisas, las empresas estatales pudieran
poner a la venta mediante este sistema, equipos, transportes,
maquinaria y herramental de segunda mano.
De ese modo, estas tiendas aumentarían considerablemente la
recaudación de divisas, convirtiéndose no sólo en un buen negocio,
sino en eje de un dinámico y creativo programa de desarrollo, cuya
inclusividad puede sumar a miles de emprendedores nacionales, así como
movilizar la creatividad y el talento empresarial de la juventud
ilustrada, que espera una oportunidad para mostrar de cuanto es
posible.

Un enfoque abierto y creador pudiera estimular a los cubanos
residentes en el exterior a convertir las remesas enviadas a sus
familiares en capital de inversión, legalizando y dando la bienvenida
a su participación en los procesos económicos nacionales.

De lo que se trata es de no desgastarse intentando reflotar
estructuras colapsadas, sino de crear un nuevo modelo abierto a la
participación y la iniciativa económica, en el cual la alianza del
estado y sus empresas con los emprendedores nacionales den lugar a la
creación de riquezas de cuya redistribución, con justicia y equidad,
se encarga el estado convertido en “socio mayoritario” que comparte
riesgos y éxitos con aliados seguros.

Probablemente una apertura así, al mostrar la clara orientación hacia
la reforma del modelo estimule al capital extranjero, no sólo mediano
y pequeño, sino también a algunas grandes empresas, y tal vez tenga
efectos políticos.

Tal como fueron originalmente anunciadas las ventas en divisas de
bienes que hacen la vida más confortable, aportan un poco más a la
dinámica económica nacional pero un poco más no basta. Ahora se
requiere de todas las manos, todos los talentos, y hasta el último
centavo. El presidente Díaz-Canel acuñó la fórmula: “Nadie es más
fuerte que todos juntos”.