EL DURO APRENDIZAJE DE LA IZQUIERDA

La derecha latinoamericana no quiere cambiar nada y la izquierda ha
querido cambiarlo todo. El socialismo del siglo XX creó un paradigma,
según el cual, una vez tomado el poder, se creaba una nueva economía,
se transformaban las estructuras sociales, incluidos la cultura y el
derecho, se suprimía toda oposición y, se construía una sociedad
nueva. El proceso se consideró irreversible, lo cual suponía ejercer
el poder para siempre.

En la política latinoamericana la derecha y las corrientes afines,
operan con todas las ventajas. Tienen el tiempo, el clero, los
empresarios y la mayor parte de la intelectualidad a su favor. Poseen
la experiencia de haber gobernado doscientos años. Sus activos
políticos son predominantes y los ampara la ideología dominante.

La derecha controla las estructuras económicas y financieras, las
instituciones estatales, los sistemas judiciales, los medios de
difusión, el favor de las instituciones militares y, en muchos casos
la mayoría de la opinión pública. El conjunto forma una especie de
“Entente cordial”.

Encarando los prejuicios anticomunistas, el progresismo trata de
solventar la enorme deuda social expresada en pobreza y la precariedad
déficits de atención a la salud, así como la discriminación y la
exclusión social de los sectores más deprimidos, en especial de los
pueblos originarios.

Ante la carencia de recursos, los gobiernos de izquierda que heredan
países endeudados, con las arcas vacías y sofocados por la corrupción
y la ineficiencia de la administración, deberán aplicar políticas
sociales, generar empleos, promover obras de infraestructuras,
construir escuelas, hospitales, caminos carreteras y acueductos, todo
lo cual implica considerables aumentos del gasto público. A ello se
suman los gastos militares para tranquilizar y privilegiar al
estamento castrense.

Porque obviamente uno o dos períodos presidenciales no bastan para
semejantes realizaciones, los gobiernos de izquierda acuden a la
reelección y, cuando las constituciones no lo permiten, promueven el
cambio de la letra, con lo cual se crean nuevas tensiones. Casi
siempre, la solución suele ser peor que el problema. Bolivia es la
experiencia más reciente.

Debido a la reacción conservadora, la desmesura de las tareas, la
falta de recursos y la hostilidad foránea, con reiterada frecuencia se
crean situaciones insostenibles para los gobiernos progresistas y de
izquierda. Los casos de Brasil, Ecuador y Bolivia son los ejemplos más
recientes.

De las oportunidades y reveces de la izquierda quedan las obras y las
enseñanzas entre ellas, no confundir deseos con realidades, no
sobrestimar las fuerzas propias ni subestimar al adversario, no
repetir errores ni acariciar utopías. Además de heroísmo y , capacidad
de convocatoria, se necesita realismo y sentido del momento histórico.
Allá nos vemos.