Los llamados Malls en Estados Unidos, esos enormes centros donde el mercado capitalista hace realidad su esencia, comienzan a desaparecer. Será un lento camino, pero esa es la dirección.

 El mercado capitalista se diferenció de los otros, cuando el comercio dejó de ser un lugar de encuentros ocasionales donde las personas intercambiaban los productos del diario vivir, para convertirse en un modo de vida. El nuevo encadenamiento de sucesos elevó la producción e incentivó las inventivas para la búsqueda de nuevas tecnologías. Esto último condujo a un proceso ininterrumpido de aumento de la productividad, siempre y cuando los productos en cuestión no estuviesen monopolizados de manera privada o por imperativos de Estado. En ese devenir, grandes porcentajes de población alcanzaron un confort nunca antes disfrutado ni siquiera por reyes y sátrapas. Aparejadamente florecieron focos de miseria, cuya pobreza, rayana en la hambruna, nunca antes había existido a escala semejante.

 Sin mucha demora y en pocas décadas, el siglo XX inauguró los supermercados, los cuales crecieron al ritmo de la producción y de la aparición de hábitos desenfrenados de consumo, alentados por la búsqueda compulsiva de ganancia y la acumulación de riqueza, ambas convertidas en metas existenciales de un reducido número de individuos dentro de las sociedades en progreso productivo. Este reducido grupo constituyó los grandes emprendedores, fundadores de empresas quienes, con su habilidad, dieron lugar a nuevas formas de organización y administración productiva, estimulando nuevas creaciones tecnológicas e investigaciones científicas.

 Como toda parte tiene su contraparte, en el transcurso del siglo XX, el crecimiento económico y los aportes al confort han despertado nuevos intereses, que van más allá de la búsqueda de riquezas, inclinando masivamente a las personas a la actividad educativa, la salud, el deporte, disciplinas intelectuales y entretenimientos varios, vinculados principalmente a la curiosidad y al estímulo de las emociones. Ese desplazamiento de la demanda ha contribuido a la disminución gradual del consumo de mercancías que favorecieron el surgimiento de esos supermercados. Ropas, vestuarios, marcas de productos superfluos, carteras, fantasías, variados renglones orientados exclusivamente a la complacencia vanidosa y también otros de mayor importancia que hoy están al alcance del mercado virtual en internet y por consiguiente no es necesario buscar en esos sitios. Pero también el público cambia sus intereses y en lugar de comprar prefiere hacer, mejorando su cuerpo con actividades saludables y aguijoneando sus emociones y su intelecto.

 La otra variante que mina el sistema económico existente es que el aumento de la productividad, con la automación y robotización, ha causado una disminución de los gastos variables, llevando el costo marginal a un peligroso acercamiento a cero, con lo cual, la ganancia, una de las piedras fundamentales del capitalismo, disminuye a niveles poco estimulantes.

 Esa disminución al unísono, de la demanda, la ganancia y los nuevos intereses de las personas donde divertirse haciendo y no comprando es la nueva regla, ha causado la quiebra de esos supermercados llamados Malls.

 En el año 2019, millones y millones de pies cuadrados de espacio han sido clausurados por falta de clientes que hasta hace poco, inundaban sus climatizados pasajes. Más de 18,000 tiendas comerciales cerraron sus puertas declarándose en bancarrota. En su lugar, comienza a extenderse una modalidad de mercado ligeramente diferente que presagia la llegada de nuevos tiempos para las relaciones de producción y los criterios economicistas de administración y dirección. Estos son enormes centros donde se concentran tiendas comerciales, junto a viviendas, parques de entretenimientos y alojamientos turísticos.

Existen en la actualidad, en fase de construcción o recientemente terminados cuatro de estos gigantes. Uno de ellos en New Jersey (American Meadowlands) cuya terminación total será en el 2020, con una extensión de 280,000 metros cuadrados. Otro ya comenzó el movimiento de tierra en el condado Miami-Dade para convertirse eventualmente en el más grande de todos los existentes en Estados Unidos.

 La proporción de American Dream Meadowlands será de 55% para el entretenimiento y 45% para la venta minorista. El que se construye en Miami tendrá una proporción mayor en ese sentido y lleva un agregado de 2000 habitaciones hoteleras.

 Aunque parezca aventurado para algunos escuchar que el tiempo del mercado como hoy lo conocemos está en fase de extinción, muchos de los científicos y teóricos sociales aventuran que cerca de un 50% del tipo de mercado conocido en la actualidad habrá desaparecido a mediados del siglo XXI en los países desarrollados. Esto necesariamente producirá profundas variantes de las estructuras políticas, jurídicas y laborales de esas naciones.