Cuba’s President Miguel Diaz-Canel Bermudez (C) listens to Vietnamese Prime Minister Nguyen Xuan Phuc (not pictured) during a meeting at the Government Office in Hanoi on November 9, 2018. (Photo by LUONG THAI LINH / POOL / AFP)

Desde hace unos veinte años el presidente Raúl Castro llama a “Desatar
los nudos que traban las fuerzas productivas”, cosa que no ha ocurrido
y por lo cual el actual mandatario, Miguel Díaz-Canel insta a
identificar cuáles son los nudos mencionados, dónde están y por qué no
se acaban de deshacer.
Fuerzas productivas y relaciones de producción son las categorías
principales de la economía política marxista y la dialéctica entre
ambas trata de explicar el devenir histórico. Marx fue explícito: “
“El resultado general al que llegué…puede resumirse así: en la
producción social de su vida los hombres establecen determinadas
relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de
producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de
sus fuerzas productivas materiales…Al llegar a una fase determinada de
desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en
contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no
es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de
propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De
formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se
convierten en trabas suyas y, se abre así una época de revolución
social”.
No recuerdo el momento en que aprendí que aquel esquema creado por
Marx es un modelo teórico concebido para estudiar y comprender la
realidad social y su dinámica, pero no es la realidad misma.
Las fuerzas productivas son elementos materiales, en primer lugar, la
totalidad de la naturaleza, la entidad física del planeta, a lo cual
se suma el conjunto de la obra humana. Semejante entramado sería
impensable sin el hombre. El hombre y sus circunstancias, incluido su
entorno, es la más formidable fuerza productiva y sin él es imposible
concebir la existencia de las civilizaciones. De ese acápite forman
parte también la subjetividad, entre ellas, las aspiraciones a una
vida mejor y de más calidad, caracterizada por el consumo, el confort,
el bienestar y el disfrute cultural, lo cual requiere de una
organización social determinada, del trabajo, del capital y del
dinero.
La totalidad descrita es apenas la mitad de la realidad; la otra es la
humanidad, el hombre, que además del núcleo de las fuerzas productivas
es el eje de las relaciones de producción, el portador de la
espiritualidad que, para desempeñar su rol, necesita trabajar y crear,
reproducirse y vivir en armonía bajo reglas y leyes creadas por él
mismo y que asumen la forma del estado, el poder, los partidos
políticos, los liderazgos y por supuesto, la fe. Dios, para muchos, el
creador de todo lo existente, incluso el hombre y sus saberes, es un
elemento esencial de la condición humana.
Esta otra entidad son las relaciones de producción que, según Marx,
forman el marco en el que se desenvuelven las fuerzas productivas y
que, a partir de una lógica científicamente implacable, llegan a un
punto en el cual, en lugar de estimular a las fuerzas productivas,
obstaculizan su desarrollo. La producción y sus resultados son más
dinámicas que las concepciones y las entidades políticas. Subordinar
la economía a dogmas ideológicos es invertir la lógica del devenir.
No digo que eso es lo que ocurre en Cuba, pero asumiendo como
válidas las magníficas metáforas invocadas por Raúl y por el
presidente Díaz-Canel, de eso se trata.
En el desarrollo de las capacidades productivas cubanas, en la
creatividad de sus emprendedores, en la lucidez y la inventiva de sus
científicos y académicos, en la gestión comercial y, en el desempeño
de las estructuras políticas, existen frenos que se expresan, tanto de
modo puntual como a escala social. Siguiendo esa rima me atrevo a
afirmar que, en una dimensión global, ciertos aspectos de las
relaciones de producción en Cuba se han constituido en un freno para
la marcha de la economía, la innovación y la construcción del
socialismo. Se trata de un fenómeno sistémico.
La solución no radica en dinamitar el orden social, sino mediante
reformas, perfeccionarlo, dotarlo de flexibilidad y operatividad,
abrirlo a la innovación y poner al estado, magníficamente instalado en
función de hacer avanzar el socialismo y no en limitar su proyección.
Mucho antes de que yo escribiera estas notas, Raúl Castro condujo al
Partido a la aprobación de los Lineamientos del Desarrollo Económico y
Social, y a la formulación de la Conceptualización del Modelo
Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, así como a la
adopción de la nueva Constitución.
Los nudos que traban las fuerzas productivas no están en las fábricas,
en las minas ni en las obras, tampoco en los ministerios, sino en las
mentes. Ello determina que no se avanzará mientras no haya un efectivo
cambio de mentalidad.
Reiteradamente, el presidente ha preguntado al activo revolucionario,
a los que creen en el socialismo y apuestan por su perfeccionamiento:
¿Dónde están las trabas que frenan a las fuerzas productivas? ¡Elas
ahí! No son ajenas al sistema sino parte del mismo. Tal vez me
equivoque, lo cual carece de importancia. Quien no puede equivocarse
es el liderazgo nacional y el Partido. Allá nos vemos.
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ES LA POLÍTICA
Jorge Gómez Barata

A diferencia de la biología, en la política no operan las leyes de la
genética ni los procesos pueden atribuirse a malformaciones
congénitas. Estados Unidos y Cuba no están fatalmente condenados a ser
eternamente enemigos. Así lo probaron los presidentes Barack Obama y
Raúl Castro.
El diferendo entre ambos países tiene fecha de inicio, aunque no de
caducidad. Se originó en 1901, y se agudizó a partir de 1959. En la
primera fecha no fue provocado por los patriotas, ni deseado por la
Revolución Cubana que no lo buscó, ni lo estimuló.
Las evidencias históricas muestran que hasta 1901, los vínculos entre
Estados Unidos y Cuba fueron cordiales, incluso las expresiones
anexionistas que se manifestaron desde el siglo XVIII, salvo
excepciones, no tuvieron por la parte norteamericana un sesgo
imperialista, ni desde Cuba indicaban actitudes sumisas. Entonces se
trataba de geopolítica, de determinismo geográfico, de ventajas
comerciales, coincidencias políticas, afinidades y conveniencias
mutuas.
En sus memorias, Orestes Ferrara, originalmente un romántico joven
revolucionario italiano, coronel y ayudante de Máximo Gómez, cuenta
que la declaración de guerra de Estados Unidos a España, y el
desembarco en Cuba, fueron recibidos con beneplácito en las filas del
Ejército Libertador, entre otras cosas porque significaba el fin de la
guerra y de los sufrimientos, la paz y la esperanza…”
A pesar de la torpe e insólita decisión del general Shaffer, que no
permitió la entrada de Calixto García y sus tropas a Santiago de Cuba,
el comportamiento de los ocupantes fue básicamente correcto, y
contribuyó a que la isla sanara las heridas y la pobreza gestada por
la resistencia de la Corona Española a reconocer el triunfo de las
armas cubanas.
Todo cambió cuando en medio de la Asamblea Constituyente de 1901, el
gobernador estadounidense de la isla Leonardo Wood, invitó a los
miembros de la Comisión de Relaciones del órgano constituyente a una
cacería en la Ciénaga de Zapata, ambiente en el cual le dio a conocer
el contenido de la fatídica Enmienda Platt, que cambió el contenido de
las relaciones de Estados Unidos con Cuba, y marcó el inicio de un
diferendo que no es fatalmente eterno.
La Enmienda Platt fue tan absurda y abusiva que no solo encontró
repulsa en la Asamblea Constituyente cubana, sino en la Cámara de
Representantes y en el Senado de los Estados Unidos. Varios senadores,
entre ellos Morgan, Bacon, Foraker, Pettus, Berry, Jones, Tillman,
Culberson y Teller emitieron duros juicio contra el absurdo engendro.
Morgan, expresó: “Estamos realizando un acto de despotismo que no nos
hemos atrevido nunca a realizar con una tribu de indios de los Estados
Unidos”.
Finalmente, con una votación de 159 a 134 en la Cámara de
Representantes y de 43 a 20 en el Senado, la enmienda fue aprobada. No
obstante, varios congresistas insistieron en sus críticas, Mac Call
acusó a su partido de haber violado, sin el menor escrúpulo,
compromisos solemnes de la nación norteamericana…”
A pesar de la orientación antiplatista de las luchas populares durante
la república, no hubo en el programa de la Revolución Cubana, ni en el
pensamiento de Fidel Castro anterior a 1959, expuestos en La Historia
me Absolverá, evidencias indicativas de la intención de asumir un
rumbo político en ruta de colisión con los Estados Unidos. Por otra
parte, aunque los vínculos de Estados Unidos con el régimen de Batista
eran conocidos, incluidos la asesoría militar y el suministro de
armas, la administración evitó dar la impresión de que se movilizaba
para impedir el triunfo de la Revolución.
Como resultado de intensas luchas y de un empeño en torno al cual se
unía el pueblo, las clases políticas y los sectores avanzados,
finalmente en 1934 la Enmienda Platt fue abolida. No obstante, aunque
ya no existe, entre Estados Unidos y Cuba se levantan obstáculos
formidables como el bloqueo y la ley Helms-Burton, que sin embargo no
impidieron a los presidentes Barack Obama y Raúl Castro restablecer
las relaciones diplomáticas y avanzar en la normalización de todos los
vínculos.
Con altura y dignidad, para facilitar el diálogo, la dirección cubana
soslayó las reservas generadas por hechos como el apoyo a las bandas
armadas y al terrorismo, incluida la invasión por bahía de Cochinos.
En un contexto latinoamericano propicio, Obama sugirió una especie de
“nuevo comienzo” en las relaciones bilaterales, para lo cual, debido a
las posiciones de la actual administración fuertemente influida por la
actitud visceral de la derecha cubanoamericana y los condicionamientos
de la situación internacional, los ambientes son poco propicios; no
obstante, lo importante es resaltar que no existe ningún fatalismo que
impida la normalización.
Nunca creí vivir para ver un portaaviones norteamericano entrar en un
puerto vietnamita con los cañones enfundados, ni un mandatario
norcoreano cruzar la línea de demarcación del Paralelo 38 de la mano
de un presidente estadounidense; también hubo un día que el Air Force
One aterrizó en La Habana, entre otras cosas porque hubo líderes que
creyeron que sí se podía. No os asombréis, es la política. Allá nos
vemos.