Traducido desde el más allá por Max Lesnik
 

Juan Domingo Perón

 

La derecha latinoamericana acaba de sufrir una aplastante derrota   moral con el triunfo electoral de los Peronistas  en la Argentina, un vuelco político que sin duda alguna tendrá repercusiones de igual  signo  de izquierda  en toda  América Latina.

Por otra parte  las  cosas no andan  bien para los adoradores  del  “capitalismo salvaje”  en otras  naciones  del continente  americano, como en Chile,  donde el  gobierno  del Presidente Piñera se tambalea  ante el  repudio  popular masivo  volcado en la  calles de ese país austral, tal como  antes había ocurrido  en Ecuador contra  el  tránsfuga Lenin Moreno ,  o en Perú ante  un Congreso corrupto  y reaccionario divorciado de las  ansias  de  cambios económicos  y sociales  sustanciales  a los que aspira el  pueblo peruano.

Por otra parte aunque la derecha grite y patalee en Bolivia,  Evo Morales ganó  su reelección  presidencial  en Primera  Vuelta, a la vez que el Frente Amplio  de  Uruguay  quedó en primer  lugar  en  las elecciones  del  pasado  domingo, algo que  le viene muy bien  al  gobierno Bolivariano del  Presidente Maduro  en Venezuela, que cuenta con el apoyo  y  reconocimiento de la izquierda  continental, encabezada  por  México, Cuba, Bolivia  y Nicaragua, algo que   está  haciendo fracasar el  cerco  diplomático  y económico orquestado contra Caracas  por  el  gobierno  norteamericano  de Donald Trump  con la complicidad  manifiesta  del  lacayuno  e impopular  Luis Almagro, el  Secretario  General  de la  OEA,  un  hombre  de pocas  luces  y malas  entrañas  que donde único cosecha aplausos  en todo el continente  es entre  los  cubanos  recalcitrantes  de la  extrema derecha de Miami.

A  decir verdad a esa derecha latinoamericana solo le quedan como  esperanza  de sobrevivencia   dos afilados  y peligrosos  colmillos,  el   impresentable  Bolsonaro  de Brasil y el  impredecible  Donald Trump  en la Casa Blanca.

Pero sin duda alguna  que el triunfo peronista  en Argentina marca  un  nuevo rumbo  en el continente americano. No hay peor ciego que  el  que no   quiere ver. Y la  derecha  más  que ciega es  estúpida. Digo  yo.

Y hasta la próxima entrega  de El Duende que con  mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.