En Cuba, donde durante unos 35 años hubo una especie de “apagón
teórico”, parcialmente levantado al calor de las reformas impulsadas
por el general el ejército Raúl Castro y la insistencia del presidente
Díaz-Canel de incorporar la ciencia e insertar a las universidades en
la actividad social que contribuyen a desempolvar el pensamiento
económico y filosófico.

Pocas veces se recuerda que los primeros debates al interior de la
Revolución Cubana fueron de naturaleza económica, y aludieron a los
fundamentos de la construcción del socialismo. La pregunta es si
ahora, cuando la sociedad cubana, empujada por una crisis agravada por
la COVID-19, se propone acelerar la actualización de su modelo
económico sería prudente retomar el espíritu de la época fundacional.

El primer “round” de aquellos debates, tuvo lugar en 1959, se asoció
con la Ley de Reforma Agraria cuya elaboración partió de un consenso
nacional, acerca de la necesidad de eliminar el latifundio y repartir
tierras. Entonces la estrategia que Fidel esbozó en La Historia de
Absolverá, no se asociaba con la estatización ni la colectivización,
sino con la búsqueda de la prosperidad del campo, lo cual era
compatible con la existencia de grandes propietarios tolerados por la
ley y equilibrados por una próspera clase campesina.

Lo cierto es que la Revolución se propuso no solo convivir con la
propiedad privada en el campo, sino utilizarla como palanca para
desarrollar el país. Todo es proceso fue alterado por la actitud de la
burguesía rural que, estimulada por Estados Unidos torpedeó tales
procesos.

El establecimiento del bloqueo norteamericano (1960), la  definición
del carácter socialista de la Revolución, la invasión por bahía de
Cochinos (1961) y la autoctonía del proceso cubano, alimentaron otro
de los grandes debates del período inicial cuyo eje fue el diseño del
socialismo en Cuba, comenzando por la organización del sector estatal
de la economía, surgido de la nacionalización de las empresas,
tierras, bancos, centrales azucareros propiedad de firmas
norteamericanas y cubanas que constituyeron el sector público de la
economía nacional.

En 1963 se aprobó la Ley de Financiamiento Presupuestario, la cual
convirtió a las empresas nacionalizadas en unidades presupuestas
carentes de sin autonomía, lo cual fue la génesis de un debate, que
además de altos dirigentes cubanos como Ernesto Guevara y Carlos
Rafael Rodríguez, involucró a elementos de la izquierda europea como
Charles Bettelheim, profesor de economía y miembro del Partido
Comunista francés y Ernest Mandel, uno de los líderes la Internacional
trotskista.

Entre las decenas de artículos y libros editados a propósito, resalta
el que en abril de 1964, publicó Charles Bettelheim “Formas y métodos
de la planificación socialista y nivel de desarrollo de las fuerzas
productivas” en el cual el teórico francés, condicionaba el progreso
socialista al desarrollo de las fuerzas productivas, confrontando las
tesis del Che. El francés sostenía la vigencia en el socialismo de las
categorías monetarias, la ley del valor y las prácticas de mercado,
por lo que se debía otorgar libertad de acción a las unidades
productivas, justificando la autonomía financiera, el cálculo
económico, el autofinanciamiento y el “sistema de estímulos
materiales”.

La repuesta del Che Guevara llegó en junio del propio, en la revista
Cuba Socialista en forma de un artículo suyo: “La planificación
socialista, su significado”, en el cual defendía la idea de la gestión
centralizada y presupuestada, opuesta a la política aplicada en las
empresas agrícolas por Carlos Rafael Rodríguez quien defendía el
Sistema de Cálculo Económico (SCE) y presidia en Instituto Nacional de
Reforma Agraria(INRA).

Por si solos aquellos debates no definieron el curso de la Revolución,
que nunca estuvo en los gabinetes ni en los libros, cosa que hoy con,
con las mismas urgencias y otros acentos se repite. Entonces no
importó quien tenía la razón, porque con importantes apoyos, en cursos
fundamentales, guiados por Fidel y Raúl, se avanzó por caminos
conocidos, cosa que no ocurre hoy cuando sin un referente claro, es
preciso adoptar decisiones claves respecto al diseño del modelo
económico.

De nuevo lo importante es exponer ideas que contribuyan a blindar el
proceso, proteger las conquistas sociales hasta donde sea posible, la
vez que se alientan las aperturas y se asisten a los líderes del
momento que deben tomar decisiones trascendentales. La vanguardia
política cuenta con la calificación y es depositaria de toda la
confianza. Allá nos vemos.