Por Lorenzo Gonzalo

Se acabó la cuarentena «…y de qué modo se ha acabado. Lo que Trump no ha podido lograr, sin antes pelearse con varios gobernadores y deshacerse de un número indeterminado de consejeros, exigiendo que la gente vuelva a «la calle», a sus trabajos y a la normalidad de la vida, lo logró el policía Dereck Chauvin, quien asesinó a George Floyd, con la anuencia y ayuda de otros tres policías de igual calaña.

Mientras todos tratábamos de protegernos del coronavirus y esperábamos ansiosos volver a la normalidad de las grandes aglomeraciones, resultó que una mutación social, largamente esperada y con variados antecedentes, se adueñó del tejido social, destruyendo a su paso lo bueno y lo malo.

Las olas de protestas que ya llevan más de una semana, en más de setenta ciudades y varios estados, vuelven a poner en tela de juicio la justicia y estabilidad del sistema. Si las cosas que se vienen sucediendo ocurriesen en una región en desarrollo como Oriente Medio, África, Latinoamérica o el Caribe, los organismos de inteligencia, habrían informado al Departamento de Estado estadounidense, que la debacle estaba por suceder y el gobierno a punto de colapsar. Obviamente no es la situación que habrán de provocar estos sucesos en Estados Unidos, pero la señal inequívoca de que la sociedad muestra cada día más su desprecio por la autoridad, vuelve a mostrarse con toda su crudeza.

Comentaristas, expertos y prensa en general, dicen que las protestas son por la muerte del ciudadano negro George Floyd, pero hay mucho más. Las autoridades lo saben. Por eso la Casa Blanca ha sido rodeada con militares de diversos departamentos cada uno con mandos independientes y al Presidente lo han metido en más de una oportunidad en el bunker blindado ubicado en el ala este de la Casa Blanca, sede de la presidencia de un hermoso país, con un horroroso gobierno.

Las protestas callejeras no son habituales en Estados Unidos de América, ni los asesinatos cometidos por la policía, pero tampoco se trata de algo novedoso.

El problema grave es que, al margen de la iniquidad del racismo impregnado en la cultura sajona heredada por la nación al momento de su fundación, la decisión de los Padres Fundadores de negarle la libertad a los esclavos, implicó una concepción que otorgó preferencia a lo individual por encima de lo social, creando las bases de un Estado excluyente. Por eso, más allá de ese racismo, este país muestra innumerables máculas de injusticia que tienen un carácter estructural.

El promedio de asesinatos cometidos todos los años por la policía, en condiciones similares a las de George Floyd, asciende a poco más de 1000. De esa cifra, en el año 2019, el 24% fueron negros, a pesar de constituir sólo el 13% de la población. *

Pero más allá del aspecto racial. la violencia policial y la represión del Estado en general, se ha convertido en un fenómeno patológico, haciéndose cada día más evidente en todas sus esferas. Esta degeneración se hace más notoria en sus cuerpos represivos, los cuales ya no están para hacer cumplir la Ley, cuidar fronteras, garantizando vida, trabajo y paz, sino que han degenerado en máquinas de meter miedo. Los modernos armamentos y medios de protección corporal, los han investidos de una imagen de terror, transformando supuestos rostros de fieles cuidadores en enemigos potenciales. Esta transformación de las fuerzas del Estado, es algo muy riesgoso en una sociedad acostumbrada a creer que es ella la que imparte órdenes a la empleomanía estatal de la cual no sólo forman parte la fuerza represiva y otros empleados permanentes, sino también los cuadros del gobierno.

Sin embargo, nada de esto ocurriría si no existieran anomalías de otra naturaleza, como consecuencia de la degeneración de la función social del Estado, preocupada más en defender la anarquía de la conducta individual en contraposición a los intereses comunitarios.

Es precisamente en esto último donde radica la esencia de las problemáticas que observamos, las cuales no son sólo los asesinatos de ciudadanos como Floyd. La muerte de Floyd es la cara visible de las fallas de un sistema que ha perdido la brújula y cuyo desafío comenzamos a presenciar en las últimas elecciones del 2016, expresándose en nuevos planteamientos, incluyendo la propuesta de un socialismo democrático, en las actuales primarias del Partido Demócrata.

Eso explica que las protestas masivas han estado compuestas por razas y etnias diversas. Las imágenes de las manifestaciones muestran en ocasiones más presencia de sajones, latinos, asiáticos y otras etnias que personas negras. No son los negros defendiendo su raza, sino el clamor de un sector importante de la sociedad, requiriendo transformaciones radicales en el campo de la salud, educación, vivienda, empleo, maternidad, ayuda al desvalido y respeto por la vida ciudadana.

El mayor porcentaje de los manifestantes fue la presencia de millones, contemplando virtualmente las marchas desde sus hogares, sintiendo a flor de piel que algo grande está sucediendo, tan detestable como el asesinato del ciudadano negro que hemos presenciado en vivo, cuando clamaba por un poco de aire, una de las pocas cosas que aún pertenecen a todos….excepto en este caso, para George Floyd.