por OMAR RÍOS G.

TESORO.

AMÉRICA CENTRAL

Y CARIBE.

Fueron varias las veces que tuve la oportunidad de conversar en privado con nuestro Maestro Eusebio Leal Spengler. Las primeras, cuando le donaba cartas del General Antonio Maceo, Agustin Cebreco y Carlos Roloff.

Luego, otra donación de un sable de caballería española cuando la colonia, una corbata que el líder azucarero Jesús Menéndez dejó en una casa de Bauta donde le invitaron a almorzar cuando fue a dar una conferencia sobre Maceo, agradeciendo la atención recibida, y una cuarta vez con una vitola de cortar tabaco de la tropa de Maceo en su estancia en occidente. Me quedó pendiente otra, ya cuando su salud mermaba por minutos, de un sello dorado de la Ortodoxia, donde aparecía la imagen de Eduardo Chivás. Su temprana partida a la inmortalidad, me privó de esa alegría…

Realizábamos las entrevistas, a petición suya, a las 7 am en sus oficinas en la Habana Vieja, recuperada y bella por sus esfuerzos. El Maestro, como yo le llamaba siempre por el respeto que sentía hacia él, me explicaba que esa era la mejor hora para compartir. Ya después todo era trabajo…

Al entregarle las cartas de los mambises descritos, repasó su contenido, y abrió los ojos sorprendido. De inmediato me preguntó con su metal de voz apacible, qué yo deseaba por ellas. Sonreí, y le expuse que con agradecerle al compañero que me entregó las mismas, un miembro del MININT que se las quitó a un cobarde que quería llevarlas en su viaje sin regreso a EE.UU, me sentía más que honrado. Una carta friamada por Eusebio de agradecimiento al militar que con patriotismo actuó, con el sello seco de su entidad, selló aquel primer encuentro, y dio vida a una correspondencia amistosa, a la par que de temas históricos relacionados con mi pueblo del cual escribía yo como coautor del libro en digital “Catauro Bautense”.

Al llevarle la corbata de Jesús Menéndez, Eusebio se alegró mucho, pues ese día en la mañana tendría una conferencia con jóvenes azucareros. Me preguntó si podía quedarme en ella, y asentí. Allí pude disfrutar no de una conferencia, sino de una conversación amena sobre temas de la historia de los movimientos del proletariado y campesino del sector azucarero. La destreza de Eusebio en el arte de contar no tenía precio…

Sabedor de que- como Fidel- no le gustaba que le apretaran las manos al saludarle, siempre que nos veíamos acercaba mi mano a la suya, y suave, pero con calor de amigos, asíamos las mismas.

Mi última oportunidad de verle fue en el acto solemne por el 225 aniversario de la fundación de la Sociedad Económica Amigos del País, el 9 de enero del 2018 en el teatro de su exquisita y bella sede en Carlos III.

Allí la vicepresidenta de la SEAP, Nuria Gregori Torada, hubo de transmitir palabras elocuentes del trabajo de Eusebio, a quien se le entregó en aquella ocasión el Diploma de Presidente de Honor de esta entidad. Yo estaba invitado, y llegué muy temprano para en algún momento saludar al estimado Historiador de la Ciudad. La sala de estar, se encontraba llena de personalidades gubernamentales, y me tomé un tiempo para distinguir la localización de Eusebio, hasta que logré divisarlo. Me acerqué despacio para no ser indiscreto en su breve tertulia, y logré un plano visible desde el cual podía él distinguirme. Así ocurrió… Chocamos las miradas, y reaccionó con soltura, avanzamos al encuentro, y le dije “Maestro”… Cuál no fue mi sorpresa, cuando me tomó la mano con mucha firmeza, y me acercó a presentarme al compañero Chomi, y dos compañeros más que con él estaban conversando.

La llamada al inicio de la actividad nos hizo separarnos… Luego vinieron sus etapas de enfermedad, y el tiempo borró hasta hoy la posibilidad de verle nuevamente.

Su altura de hombre digno y martiano nato, quedará por siempre en la memoria de los que tuvimos la oportunidad de conocerle. No habrá en Cuba quien no sufra su pérdida física. La Giraldilla seguirá girando mientras otea al horizonte, así haría el Maestro Eusebio cada mañana tratando de salvaguardar la capital de todos los cubanos. Su recuerdo será imperecedero en cada aniversario de esta, y el pueblo lo evocará por siglos como el paladín del rescate de la cultura cubana.