Nunca he sido una persona que siga ciegamente a líderes de ningún tipo. Nunca he sido un fanático político. En realidad, nunca he sido un verdadero fanático de nada. Quizás la mayor cantidad de fanatismo que he tenido en mi vida haya sido por el club de beisbol cubano llamado Almendares allá en los 50 y por el equipo de fútbol norteamericano llamado Miami Dolphins allá en los 80, y para eso, muy relativo. No, no me gusta el fanatismo, ni tampoco los fanáticos a ciegas.
Quizás esa sea una de las razones por las que yo, a pesar de ser entonces un adolescente, no seguí a ciegas a los líderes de la Revolución Cubana, a pesar, también, de ser yo en aquella época un revolucionario muy anti-batistiano. Me gusta ver los defectos y las virtudes de las personas, de los procesos políticos y aunque soy muy espiritual, no soy nada religioso. No cabe dentro de mí esa fe ciega que algunas personas tienen en muchas cosas o personas.
Viene al caso esta descarga ya que hoy se conmemora un año más del vil asesinato de Ernesto Guevara en Bolivia, un hombre con el que aunque nunca simpaticé, siempre he respetado por ser un hombre consecuente con sus ideas. Dos veces estuve cerca de él. La primera fue en octubre del 1958 en un campamento guerrillero que tenía el Directorio 13 de Marzo en el Algarrobo, allá en el Escambray. Guevara acababa de llegar de Oriente en su famosa invasión a Las Villas. Aunque lo vi de cerca, no intercambiamos ni una sola palabra. En aquella ocasión me maravilló ver a aquellos guerrilleros muertos de cansancio después de tan larga travesía.
La segunda ocasión en que volví a ver de cerca al Comandante Guevara fue en 1965 en New York, ciudad a donde había ido a participar en la asamblea de las Naciones Unidas. Fue en la acera del edificio donde estaba localizada la estación de televisión NBC, él estaba allí bajándose del carro en el que viajaba para entrar en el edificio en donde iba a participar en un programa de televisión, y yo caminaba por allí para participar en una manifestación de protesta por su presencia. Era mi adversario y le grité varias cosas antes de que la policía me empujara violentamente para donde estaban los manifestantes.
Esas fueron las dos veces en que vi a esa persona, que en muchas ocasiones defendí en los medios de Miami en los años noventa, cuando yo argumentaba que había que respetar a los hombres que eran o habían sido consecuentes con sus ideas.
Lo capturaron el mismo día de mi cumpleaños y en el mismo año de mi boda con mi esposa, lo asesinaron vilmente el 9 de octubre de 1967, es decir un día como hoy hace 53 años.