El líder ruso que es capaz de trazar estrategias y conducir políticas
para reflotar a Rusia de la ruina

 

Vladimir Putin, el segundo líder ruso que más tiempo ha permanecido en
el poder después de Stalin y que por tres años (2013-2016) fue
considerado por la revista Forbes como el hombre más poderoso del
mundo, acaba de realizar una maniobra mediante la cual se suma a los
esfuerzos electorales de Donald Trump.

Putin es una criatura de la Unión Soviética, condición de la que no
reniega porque le permite disfrutar del apoyo electoral de una parte
de la población, lo cual refuerza al asumir sin complejos, su
condición de ex coronel de la KGB y ex militante del partido
comunista. Obviamente, su pasado no puede perjudicarlo y lo aproxima
al estamento militar y de seguridad ruso.

El líder ruso que es capaz de trazar estrategias y conducir políticas
para reflotar a Rusia de la ruina en que la sumió el colapso de la
Unión Soviética, a la vez se expone al mezclarse en dudosas
operaciones que como las asociadas al ex espía ruso Sergei Skripal, y
más recientemente al opositor Alexei Navalny, presuntamente
envenenados en Londres y Rusia, no son decisivas y restan más de lo
que suman.

Putin puede haber reincidido en la práctica de participar en la
política pequeña cuando el pasado día 28, en una entrevista con el
canal Rossinya TV, afirmó que existen similitudes entre la proyección
política de Joe Biden y los comunistas soviéticos. Según el presidente
ruso: “El Partido Demócrata está cerca de los llamados valores
liberales y de las ideas socialdemócratas”.

Como para confirmar sus juicios y fijar un punto de comprobación,
Putin, subrayó que: “…Fue a partir del ambiente socialdemócrata que
evolucionó el partido comunista soviético”. Solo le faltó añadir que
antes de 1903 el Partido Bolchevique, encabezado por Lenin, se
denominaba Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR).

Tales ideas, coincidentes con las afirmaciones de Trump acerca que el
liderazgo del Partido Demócrata, especialmente Joe Biden forma parte
de una “izquierda radical”, cosa que jamás ha existido en los Estados
Unidos, evidencian un intento de dar municiones a Trump contra Biden.

Para un estratega que calcula cuidadosamente sus acciones, la
evocación de su pasado como militante del partido comunista y oficial
de la KGB, que presuntamente lo acercarían a Biden, es una extraña
parábola que no puede ocultar la intención de arrojar sospechas sobre
la integridad política del candidato del Partido Demócrata.

Los cuatro años de la administración de Donald Trump han estado
matizados por sospechas de la intromisión de Rusia en la elección del
presidente estadounidenses que por su parte, aunque parece inflexible
respecto a Rusia, muestra una extraña indulgencia cuando se trata de
Putin que obviamente, se siente cómodo con Trump en la Casa Blanca.

Ante el enigma de tan extraña colusión, no queda sino asumir que sus
razones tendrán. Allá nos vemos.