Debido a la vasta acumulación de conocimientos y experiencias en todas
las esferas y la existencia de miríadas de personas con alta
calificación, se descarta que en las tareas de dirección se empleen
individuos carentes de preparación.  La única excepción es la
política, en la cual pululan oportunistas, improvisados y demagogos y
donde un lego como Donald Trump, puede ocupar el cargo político más
importante del mundo. La magnitud de su ignorancia solo es equiparable
a la escala del fracaso.

Al resultar positivo para COVID-19, el presidente de los Estados
Unidos, fue internado en el Centro Medico Walter Reed, uno de los
mejores hospitales del mundo, donde lo atendieron médicos competentes,
y se le administraron los mejores medicamentos existente en el mundo.
La idea de que pudo ser tratado con medicamentos “en fase
experimental”, es absurda.

El presidente que en razón de su cargo, se ha involucrado en las
estrategias para el enfrentamiento a la pandemia en los Estados
Unidos, no se ha percatado de que, al contraer el virus, se convirtió
en paciente, condición que lo coloca bajo tratamiento y supervisión
médica. En lugar de atenerse a esa condición, con la audacia que da la
ignorancia y la obsesión por obtener ganancias electorales, el
presidente ha continuado la mala práctica de incursionar en temas de
salud en los cuales no es competente.

Uno de las primeras manifestaciones de esta tendencia, fue considerar
que la enfermedad provocada por el Coronavirus era algo “parecido a un
catarro” que podía curarse prácticamente sola, luego recomendar el uso
de la cloroquina*, cosa refutada por la comunidad científica. Más
tarde, de modo insólito, especuló sobre la posibilidad de utilizar
desinfectantes y tratamientos a base luz ultravioleta.

Trump se atribuyó haber recomendado el uso de preparados elaborados a
partir de plasma de pacientes recuperados, cosa conocida de antaño y
que forma parte del arsenal terapéutico, aunque sin resultados
espectaculares. Luego trató de acelerar los procesos para crear una
vacuna y ahora se deshace en elogios sobre el medicamento que le fue
aplicado.

Según se ha dicho, a partir del dos de octubre, a Trump se le
administró un “cóctel” de anticuerpos monoclonales**, producido por la
empresa de biotecnología Regeneron que, según pruebas clínicas, puede
reducir hasta en un 60 por ciento (tres días) el tiempo de
hospitalización y contribuir a evitar que los enfermos transiten hacia
estados graves de la enfermedad, reduciendo los fallecimientos.

El tratamiento aplicado, del cual se han fabricado 50.000 dosis y cuyo
uso la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) aprueba caso a caso,
es una combinación de dos anticuerpos monoclonales, diseñado para
bloquear la infección del Covid-19”. Después de aplicar el tratamiento
al mandatario, el Dr. Leonard Schleifer, director ejecutivo de
Regeneron, dijo a CNN que “…El beneficio potencial frente a los
riesgos son mínimos. De hecho, no existe preocupación por la
seguridad…”

No obstante que el Regeneron figura entre las mejores opciones para
tratar la enfermedad, Bill Gates, paradigma del inventor y empresario
exitoso que ha devenido filántropo y ha invertido una fortuna en la
fabricación de monoclonales, comentó: “La palabra cura es exagerada”.
Allá nos vemos.

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**Medicamento descubierto en 1934 que en 1947 se autorizó para la
profilaxis frente a la malaria
*Los anticuerpos monoclonales» fueron creado en 1975 por el
científico argentino César Milstein quien en 1984 mereció el Premio
Nobel de Medicina en 1984)