Con motivo de las propuestas y debates en Cuba (mi país de origen y de luchas), sobre la reforma monetaria, se me ocurrió traer a colación como ejemplo, un hecho que, sin haber sido concebido con un propósito experimental, resultó interesante como modelo del comportamiento económico y es objeto de estudio en las facultades económicas estadounidenses.

Se trata de Joan y Richard Sweeney, quienes escribieron un libro en 1978 llamado algo así como “Teoría monetaria de la guardería cooperativa del Capitolio”. Este matrimonio, en el año 1979, formó parte de una cooperativa integrada por 150 parejas jóvenes, casi todos con trabajos en el congreso, dispuestos a cuidar a los niños de otros a través de un acuerdo en común.

El proyecto en sí no tenía un objetivo económico. Era simplemente una institución social para cuidar a los niños a manera de intercambio, con el propósito de que todos los miembros dedicaran la misma cantidad de horas en esa actividad y no tuviesen que emplear su sueldo en contratar niñeras cuando deseaban salir una noche.

El tamaño de la institución resultaba complejo. Fue registrada debidamente y procedieron a su organización. Todos sus miembros se comprometían a cuidar a los niños de otros integrantes a cambio de que los suyos también lo fuesen en igual medida.

Para resolver el asunto acordaron un procedimiento de dirección, organización y administración, porque la tarea y el propósito no era asunto de poca monta.

Como modo de garantizar la equidad, en concordancia con el objetivo de la curiosa institución, cuyo carácter era puramente social, se emitieron cupones y fueron entregados en igual cantidad a cada una de las parejas.

Cada cupón daba derecho al portador para que sus críos fuesen cuidado por media hora. Cuando una pareja cuidaba a los bebés, recibían un cupón por cada media hora de servicio.

Como era algo de mutuo acuerdo, el sistema prometía funcionar a la perfección. Durante su tiempo operacional cada pareja recibiría por su trabajo una cantidad de tiempo de cuidado igual al que más tarde recibiría por cuidar a los niños de otras. Se trataba de una estructura a prueba de golpes.

Sin embargo, no fue tan simple, porque una organización de esa envergadura requería gran cantidad de bonos en circulación.

Como es usual en el reino de la humanidad, las parejas que decidían disponer de varias noches libres, acumulaban reservas para el futuro. Dicha acumulación tenía lugar con la disminución en la cantidad de bonos que poseían otros cooperativistas quienes, por razones particulares, llevaban a sus hijos para ser cuidados por otras parejas.

Con el cursar del tiempo la operación se fue complicando. Las parejas que recibieron cupones al formar la cooperativa, suponían reembolsarlos al irse, pero también había que entregar cupones a las parejas que realizaban labores como oficiales, de oficinistas y otros derivados de la actividad. El caso es que llegó un momento en que había relativamente pocos cupones en circulación para satisfacer las necesidades de la institución.

Las parejas con baja reserva de cupones estaban ansiosas de realizar trabajos de cuidadoras y renuentes a salir. Lógicamente la decisión de una pareja de salir a pasear una noche era la oportunidad de otras para realizar labores de niñeras, pero la escasez de cupones en circulación, hacía imposible materializar esa oportunidad, porque cada día era menor el número de miembros que disponía de ellos.

Dicha situación condujo a lo siguiente: quienes tenían cupones eran muy renuentes a utilizar sus reservas excepto en casos de urgencia, disminuyendo como consecuencia la demanda por el servicio de cuidar niños.

Como resultado, la cooperativa entró en una recesión, económicamente hablando. La demanda del servicio, disminuyó a niveles intolerables. Llegó un instante que la cantidad de parejas que no podían disfrutar de noches libres, por falta de bonos para compensar a otras por el cuidado de sus críos, paralizó el objetivo de la cooperativa.

¿Cómo resolvieron el asunto? Bien sencillo. Al comienzo de la crisis se reunió la dirección de la institución. Llamaron abogados y los primeros pasos fue achacar lo sucedido a problemas estructurales, entre otras cosas, una de las soluciones propuestas fue imponer una regulación interna para que cada pareja se tomara obligatoriamente alguna noche libre durante el mes. Finalmente triunfó el razonamiento económico: se imprimieron más bonos, volvieron a repartirse y el proceso comenzó sin mayores inconvenientes.

Este ejemplo de algo que ocurrió en la realidad, sirve para alentar a la creación de modelos que estén en concordancia con los planes de la nueva reforma monetaria la cual, para que realmente resulte efectiva, requiere determinados márgenes de libertad como único modo de entender lo que sucede dentro de la dinámica macroeconómica. En gran medida será un nuevo escenario, que se enfrentará a una economía incapaz de ser derogada por decreto, pero que admite a su vez dosis organizativas que se adapten a los planes sociales subyacentes en el proyecto.

Quizás la historia de este hecho real, convertido en anécdota, no aporta mucho a los planes de reforma monetaria cubana, pero resalta que, una vez puesta en marcha una concepción cambiaria seria, la moneda responderá a los avatares del proceso productivo. Especialmente porque sufrirá alteraciones provocadas por los vaivenes de la oferta y la demanda, categorías que son una condicionante esencial, a través de los cuales se manifiestan los indicadores básicos del funcionamiento económico. En la administración de estas categorías radica en gran medida la dirección efectiva de la actividad macroeconómica.

Después de mucho inventar la humanidad ha llegado a la conclusión que la economía actual, bautizada como capitalismo en el siglo XIX, ha continuado siendo la misma, tras un proceso evolutivo cada vez más complejo, el cual comenzó hace poco más de cuatrocientos años. Frente a ella solo podemos establecer mecanismos de control y dirección que, aunque limitados por fronteras infranqueables, pueden aplicarse con consecuencias positivas.

Esta nueva etapa hará imprescindible estudiar, aprender y experimentar los diversos resultados que se reflejan en el sistema monetario, como el mejor modo de evitar las crisis y los desbalances, obteniendo así un mejor dominio sobre la producción y distribución. Esto además ayudará a lidiar con un mundo peligrosamente globalizado en tiempos donde las diferencias productivas y metodológicas regionales han alcanzado niveles inexistentes en épocas anteriores.

Una de las mayores dificultades que presenta la necesaria globalización, son las políticas desfavorables practicadas por las naciones más poderosas, cuyo número no sobrepasa la docena. El peso de esas políticas ahoga el desarrollo balanceado de los países emergentes o en fase de desarrollo.

Las nuevas reformas iniciadas por el Estado cubano ayudarán a independizar, dentro de ciertos límites, una política de desarrollo sólida, facilitando, entre otras, la negociación de los préstamos internacionales, tan necesarios para la reconstrucción y construcción, del sistema infraestructural de la Isla.

Una vez puesta en funcionamiento una reforma monetaria cuidadosamente calibrada, asumida como algo concomitante al sistema, no como una incorporación circunstancial, la economía cubana sufrirá recesiones, inflaciones, enfriamientos, calentamientos y todos esas “enfermedades” que fueron descubiertas, estudiadas y etiquetadas por matemáticos y teóricos, a los efectos de su estudio y corrección, a partir de la Gran Depresión (1929), sirviendo en el futuro para actuar con conocimiento de causa, impidiendo desastres de la envergadura de aquel año, aún en condiciones más difíciles que aquellas.

La implementación de esta reforma y otros ajustes, ayudará enormemente a la formación de una sociedad socialista científicamente fundamentada, haciéndonos conscientes que una economía bien gestionada no es garantía de amor, paz y felicidad pero que, inevitablemente, una mal administrada y dirigida, nos privará definitivamente de esos beneficios.