El título del artículo es un chiste, porque dentro del marco de las relaciones Estados Unidos de América y Cuba, no existen las transferencias bancarias. Respecto a otros países y Cuba, en mayor o menor medida la afirmación también sería una broma.

Las personas que vivimos fuera de Cuba, aun quienes tenemos residencia permanente en la Isla, podemos enviar dinero a través de Western Union y otras instituciones de esa naturaleza, pero no podemos trasladar nuestros dineros a través de una transferencia bancaria.

Las transferencias bancarias no existen desde Estados Unidos a Cuba y es casi imposible desde otros países. Al menos para las personas comunes que requieran hacerlo como individuos.

La razón de esta anomalía se llama Bloqueo, injusta sanción impuesta a Cuba hace casi sesenta años.

Un ciudadanos o nacional cubano que viva fuera del país puede enviar dinero a la Isla, pero no hacer una transferencia bancaria.

Las razones para eliminar las transacciones bancarias con Cuba son privar al Estado Cubano de la obtención de divisas y dificultar así sus transacciones internacionales de servicio y comercio.

Esa limitación para obtener dólares, impuesta al Estado cubano desde hace tantos años, se debe al universal principio de que el dinero es propiedad de los estados y el ciudadano y los países como tal, sólo tienen derecho a poseer su valor nominal. Por consiguiente, al prohibírsele al Estado cubano la tenencia de dólares, las operaciones con dicho instrumento cambiario se dificultan, haciendo incluso imposible aquellas de gran volumen. Esto obliga a Cuba, a cambiarlos por otras monedas fuertes o recurrir a procedimientos costosos y primitivos como es pagar en efectivo en algunas instancias. Los dólares que llegan a Cuba lo hacen a través de autorizaciones puntuales, supervisadas por el Tesoro estadounidense.

A la caída del Bloque Soviéticola falta de dicha moneda constituyó un verdadero reto para que la población de la Isla pudiese sobrevivir. De más está señalar que todas estas sanciones de Washington, supuestamente están encaminadas a derrocar al gobierno, pero en realidad quienes más se afectan son los ciudadanos.

Ante aquella situación, el líder de la Revolución, Presidente del gobierno en esos momentos, Fidel Castro, ordenó buscar moneda fuerte usando todos los subterfugios al alcance, sin cometer ilegalidades fuera o dentro del territorio, pero creando empresas fantasmas y realizando operaciones diversas que permitieran disponer de un mínimo de liquidez para mantener a flote el país, sus servicios médicos universales, educación, combustible y un mínimo de alimentación nacional.

El asunto era violar el Bloqueo por todos los medios al alcance. Esa política permitió al país sostenerse hasta que sus gestiones internacionales y la solidaridad de quienes estamos identificados con el derecho a la autodeterminación de las naciones y la no injerencia en los asuntos internos de otro país, entre los cuales cuentan un puñado numeroso de cubanos que vivimos fuera, organizaciones progresistas y humanistas de diversas nacionalidades y gobiernos consecuentes con las leyes internacionales que regulan las relaciones entre los países, ayudaron a crear determinados vehículos que facilitaron la supervivencia del Estado Cubano y la realización paulatina de reformas que adecuaron, de manera rústica la mayoría de las veces, la economía y la política, a los nuevos tiempos nacidos con el avance científico y tecnológico.

Con el recrudecimiento del Bloqueo (eufemísticamente llamado Embargo), violar sus injustas e ilegales leyes es cada día el imperativo más importante del gobierno de Cuba. Mientas haya Bloqueo no habrá condiciones para avanzar en el cúmulo de reformas necesarias para modernizar la economía y ninguna posibilidad de acceder a precios favorables, a tecnologías y al comercio que la Isla requiere.

En el afán de estadounidense por desalojar del poder al gobierno cubano, alentados por el bloque político constituido por cubanos cuyos orígenes se remontan a los comienzos del éxodo proveniente de Cuba en la década del sesenta, cuya mayoría hoy reclama derechos perdidos que no supieron defender, el gobierno de Donald Trump, a modo de darles un espaldarazo político con motivo de las próximas elecciones, ha vuelto a castigar al ciudadano cubano que vive en la Isla, suspendiendo las remesas.

El argumento es que no se puede enviar dinero a través de organismo alguno que tenga enlace con otro vinculado al ejército cubano. Pero sucede que todo en Cuba, de alguna manera está vinculada a las Fuerzas Armadas del país. Por consiguiente, los familiares, amistades y personas queridas de la Isla no podrán seguir recibiendo dinero de familiares y amigos.

Parejamente, hace aproximadamente un mes, el Banco Nacional de Cuba emitió la Resolución 124, la cual regula la entrada y salida de divisas del país.

La coincidencia de dos disposiciones que afectan el fluir de dólares y otras monedas entre Cuba y otros países, crea confusión, especialmente a los cubanos que residen en Estados Unidos, quienes están acostumbrados a vivir en medio del fuego cruzado de uno y otro gobierno. Sobre todo, porque como dijo hace un tiempo un amigo especialista en la materia y respetado en las esferas oficiales cubanas, tenemos la tendencia a esperar que Estados Unidos “imponga las sanciones del Bloqueo y nosotros entonces las administramos”, lo cual resulta en esos casos patético.

De repente, los cubanos que vivimos en el Norte inevitable, pensamos que al tiempo que Washington determina que no podemos “enviar dinero”, Cuba decide que tampoco podemos llevarlo. Nada más perfecto: la Sanción estadounidense encuentra al Administrador perfecto.

En realidad, parece no ser así. Lo cual requeriría que las autoridades cubanas, al margen de la Resolución, las cuales son a veces difíciles de entender, sobre todo cuando contienen palabras tales como “a discreción de las autoridades” que, en este caso sería las de aduana, “decomiso” y otras por el estilo, aclarasen por medio de sus consulados y la prensa oficial cubana, el Granma internacional, que es una magnífica fuente de información, el objetivo real de esta decisión.

Entiendo que, en medio de una reforma monetaria seria, la cual significa en esencia una reforma económica de envergadura, porque el instrumento cambiario es el indicador más implacable para decirnos que la economía está al borde del precipicio o a punto de remontar el viaje feliz que esperamos, haya que proteger la circulación monetaria y para ello, una economía débil, extremadamente débil, como la cubana, no puede darse el lujo que la misma no cuente con un control de relojería. En ese aspecto y para no entorpecer un cúmulo de actividades personales, entre ellas de negocio, el Estado cubano ha implementado bolsones de dolarización pura y me imagino que la circulación cambiaria en general, busque avenidas que le permitan establecer el dólar como patrón. Esto no significa dolarización de la economía sino un referente basado en la moneda universal de nuestro Hemisferio, lo cual no sólo facilita las transacciones, sino también el control económico interno para valorar con exactitud nuestras denominaciones en circulación.

Por tanto, es entendible que como parte de esa reforma se tomen medidas encaminadas a que no surjan actividades paralelas que impidan el largo periodo que se requerirá para balancear ese aspecto del sistema.

Pero esto hay que explicarlo al público. No basta con la Resolución, porque ella, por sí sola, puede parecer a los buenos ciudadanos y a los detractores del país en general, que hay una especie de complicidad inconsciente con el sempiterno enemigo de la independencia de nuestro país: ellos prohíben y nosotros facilitamos la prohibición.

El QUINTO acápite de la Resolución 124 está claro a medias. Está claro si confiamos en el proceder de los funcionarios de quinta categoría, en este caso los aduaneros por cuya vía se materializa la misma. La medida está dada para evitar que “personas naturales”, “importen o exporten moneda libremente convertible que haga sospechar que se trata de movimientos indebidos de capitales no relacionados con el flujo de viajeros”. Esto significa que se quieren evitar actividades ilícitas como el cambio de divisas informal de la calle o los comerciales, con lo cual se circunvalan las infraestructuras oficiales, ya sean privadas o del Estado (en este caso la mayoría) de modo que las alteraciones del sistema sean sólo las provenientes de las libres decisiones personales implícitas en el proceso de demanda y oferta.

Pero como se mencionan también palabras como “decomiso” y que, “funcionarios de la Aduana General de la República detecten personas naturales”, que fácilmente se interpreta como la “discrecionalidad” del funcionario, es bueno que se aclare que el emigrado puede llevar todo el dinero que quiera a su familia. Para eso es su dinero y ellos sus familiares. Luego si el familiar quiere hacer un negocio lícito con ese dinero, que haga las gestiones oficiales o simplemente que se lo coma. Dejando claramente sentado, que la Administración Trump quiere hundirnos y hacernos padecer, pero el gobierno cubano defiende el derecho a “los envíos” y eventualmente, cuando a los bancos se les quite el miedo terrorífico que le tienen a Washington, también podrán enviar dinero vía transferencia bancaria.

Es importantísimo que el emigrado compruebe cada vez con mayor certeza que el Estado cubano, cualquiera que sea el gobierno de turno, lo defiende y protege.

Conozco el caso de una amistad que vive en Cuba desde joven, que heredó varios cientos de miles de dólares en su país de origen, los recogió y cuando llegó al banco para transferirlos, le dijeron que a Cuba no, pero si querían enviarlo a otro país, ellos no tendrían problemas en hacerlo. Con todos estos tiros, el gobierno cubano debe afilar muy bien el lápiz, cuando requiera aplicar medidas restrictivas que, de algún modo, puedan parecerse a algunas de miles, impuestas por Estados Unidos.