Trump, a su regreso a la Casa Blanca tras jugar al golfCARLOS BARRIA | REUTERS
Perro huevero, aunque le quemen el hocico.
Hasta el momento en que escribo esta nota, el Presidente Donald Trump le está siendo fiel a la porción de su personalidad que no entiende la humildad, que no quiere reconocer que en la vida algunas veces se gana, pero también en otras se pierde, que algunas veces uno tiene razón, pero existen otras en las que uno no la tiene, que uno puede tener adversarios y rivales, pero que no todo el mundo es un despreciable enemigo.
No se sabe cuándo será el momento en que este hombre, que fue derrotado en las urnas, acepte esa derrota y lo diga públicamente. En realidad, no tiene ni que llamar a Joe Biden y felicitarlo, solo tiene que decir, por el medio que le dé la gana, que perdió las elecciones y que a partir del día 20 de enero ya no es el Presidente de la nación. Me imagino que lo tendrá que decir en algún momento, me imagino que tendrá, más tarde o más temprano que enfrentarse a esa realidad. Fácil no le va a poder ser. Trump es una persona que no tiene ni la menor idea de lo que es la decencia, el decoro o la humildad, es un hombre que desprecia a sus semejantes, aun a los que lo apoyan. Aceptar que más de 74 millones de norteamericanos votaron en su contra, no lo consuela ni con el hecho de que más de 70 millones votaron a su favor, su ego no se lo permite. Decía Martí que el sol tiene manchas y tiene luz, que los agradecidos ven la luz y los malagradecidos ven las manchas, y como entre otras cosas el Presidente es un mal agradecido, no agradece a los millones que votaron a su favor, pero maldice a los que no lo hicieron y votaron en su contra.
Amenaza con ir a las Cortes sin tener recursos legales que presentar y asegura que hubo trampas sin mostrar ni la más mínima prueba de que las hubo. Me imagino que la Casa Blanca se habrá convertido en un lugar muy difícil para merodear en ella, también me imagino que muchos de los que hasta hace unos días le rendían pleitesías en estos momentos estarán tratando de evadirlo. Si aquel lugar, durante 4 años fue un purgatorio,es de pensar que ahora será un infierno como el que describía Dante. Los ánimos deben de estar por el piso y la prepotencia de ayer debe de andar clandestina.
No me cabe la menor duda que cuando llegue el momento de partir de una forma o de otra tendrá que abandonar la residencia presidencial y como este hombre es un cobarde, pienso que no querrá salir esposado de la Casa Blanca…
COLETILLAS DE LA REDACCION DE RADIO MIAMI

¿Qué pasa si Trump se atrinchera en la Casa Blanca?

Todo son incertidumbres sobre qué hará el primer presidente desde George Washington en resistirse a ceder el poder

Trump, a su regreso a la Casa Blanca tras jugar al golf
Trump, a su regreso a la Casa Blanca tras jugar al golfCARLOS BARRIA | REUTERS
ESPERANZA BALAGUER
NUEVA YORK / E. LA VOZ 

Estados Unidos no descarta ver a un Donald Trump atrincherado en la Casa Blanca negándose a abandonar. Todo son incertidumbres sobre qué hará a continuación el hombre que pasó trece años despidiendo a gente sin piedad en televisión. Gran parte de la popularidad que le llevó Washington se la debe al programa The Apprentice, donde echaba a los concursantes al grito de «Estás despedido». Por el momento, se niega a afrontar los caprichos del destino. No concederá la victoria a su contrincante como marca la tradición política estadounidense, aunque no esté escrito en ningún sitio. Y está dispuesto a dar la batalla ante los tribunales contra unos resultados de las elecciones que considera fraudulentos sin aportar ninguna prueba. «Esto no se ha acabado», dijo este sábado, tras conocer la victoria de Joe Biden mientras jugaba al golf en su campo.

Trump se convierte así en el primer presidente desde George Washington (1789-1797) en resistirse a ceder el poder al ganador de las elecciones. Solo dos candidatos han pasado por situaciones similares, pero ambos acabaron entregando el despacho oval. Richard Nixon en 1960, tras desistir de pelear los resultados el Illinois frente a Joh nF. Kennedy y Al Gore en el 2000, tras el recuento de votos en Florida, en favor de George W. Bush.

La fecha límite para abandonar la Casa Blanca es el 20 de enero, día de la toma de posesión. Entre medias quedan casi tres meses donde su entorno y la presión del Partido Republicano jugarán un papel crucial. Por el momento, aún cuenta con apoyos. «Los medios de comunicación no deciden quién gana las elecciones, sino los votantes. En varios estados los márgenes son un filo de cuchilla y el recuento sigue abierto», defendió Ronna McDaniel, la presidenta del Comité Nacional Republicano. Pesos pesados del partido como el vicepresidente, Mike Pence, el presidente del Senado, Mitch McConnell y el senador Lindsey Graham guardaban silencio. Otros, sin embargo, consideran que es hora de pasar página como Jeb Bush, exgobernador de Florida, quien se enfrentó a Trump para ser candidato republicano, o el gobernador de Maryland, Larry Hogan. Ambos llamaron a Biden para felicitarle.

Desde el principio, Trump avisó que no iba a asegurar una transición pacífica si no estaba de acuerdo con los resultados. El guion anunciado sigue su curso con los tribunales como campo de batalla. Al frente, dos de sus aliados más leales. El exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani y la exfiscala general de Florida Pam Bondi al frente del equipo de abogados que han emprendido acciones legales para pedir recuentos en los cuatro estados que le ha arrebatado Biden, Arizona, Georgia, Míchigan, Wisconsin y Pensilvania.

En el plano político, todo es incierto, ya que no existen precedentes en la historia de EE.UU. El escenario que se contempla es la posibilidad de que sus seguidores le compren el discurso del fraude y provoquen revueltas callejeras. Pocas horas antes de anunciar la derrota, dos revistas estadounidenses, New York Magazine y Vanity Fair, apuntaban a la posibilidad de que Trump acabe escoltado fuera de la Casa Blanca por los Servicios Secretos.