Ahora cuando en Estados Unidos se especula sobre personas que pueden haber votado estando muertos, recuerdo una elección presidencial en lacual algunos miles de ciudadanos y varios integrantes del ColegioElectoral votaron por un candidato muerto, así ocurrió en los comicios de 1872 y benefició a Horace Greeley.

En las elecciones presidenciales de 1872 Horace Greeley fue postuladopara presidente por el Partido Liberal Republicano, apoyado tambiénpor el Partido Demócrata, perdiendo frente a Ulysses Grant. Poraquellos días Greeley padecía por la muerte de su esposa, fallecida
cinco días antes de las elecciones. Un mes después él también murió.

El deceso ocurrió después de las elecciones, aunque antes de que se
reuniera el Colegio Electoral por lo cual, los 66 votos que había
obtenido, se repartieron entre otros cuatro candidatos y a él mismo se
le adjudicaron tres. Nunca antes ni después ha vuelto a ocurrir un
hecho semejante.

Horace Greeley fue, probablemente, el aspirante a presidente de los
Estados Unidos con una trayectoria política más apegada a los
intereses populares. Abolicionista convencido, cercano colaborador de
Abraham Lincoln, en 1854 fue uno de los fundadores del Partido
Republicano. Dirigió varios periódicos, entre ellos, el New York
Tribune, donde tuvo como segundo a Charles Dana, el editor que
contrató a Karl Marx y a José Martí como cronistas del diario. Desde
la prensa, hizo campaña a favor de varios presidentes.

Greeley apoyó los movimientos asociados al pensamiento socialista
utópico de la época, entre ellos, el “fourierismo”, promovió la
reforma agraria, combatió a los monopolios, apoyaba al movimiento
vegetariano y era enemigo del alcohol y de la corrupción.

Quizás, por otros méritos que la hacen relevante, casi nunca se
menciona que, en el siglo XIX, Nueva York fue un importante centro de
la actividad política y del progresismo de la época ligado al enfoque
liberal. En aquella urbe, los avatares de vidas, políticamente
intensas y comprometidas, vincularon a Horace Greeley con Charles
Dana, quien fuera su socio en negocios asociados a la prensa y el
editor que contrató como colaboradores a Karl Marx y José Martí. De
ellos escribió el apóstol de la independencia de Cuba:

“Charles Dana, maestro de escuela un día, y comunista práctico otro y,
ahijado luego del gran Greeley…, candidato probable y meritorio a la
presidencia de la República, y hombre sabio de letras y pinturas…”

Los electores o compromisarios que aun sabiéndolo muerto otorgaron sus
votos a Horace Greeley, no asumieron una actitud mística, sino que
desde el civismo ratificaron el homenaje. De haber corrido mejor
suerte, hubiera sido un gran presidente, creo yo. Allá nos vemos.