Hoy entrego mi columna al colega cubano de Sancti Spiritus  Raúl I. García Álvarez. Destacado escritor y periodista de Prensa Latina, un estudioso de la historia de Cuba y en especial del Comandante en Jefe Fidel.

 

Capítulo final del libro SU CORAZÓN A CUBA, de Raúl I. García Álvarez, dedicado al Líder Histórico de la Revolución Fidel Castro, publicado por la editorial de la Universidad Autónoma del Estado de México
EL SIGILO
Fidel soñó, pensó y ejecutó una de las obras más relevantes de la humanidad.
Las campanas rebeldes tuvieron oídos receptivos, presencia, suscitaron simpatía siempre renovada. Fidel, el Che y Camilo eran nombres familiares. Esa es la imagen de la llegada de la palabra revolución a mi glosario.
Un seis de enero de 1959 escucharlo desde uno de los balcones de la Sociedad el Progreso, en Sancti Spíritus, Cuba, fue conocerlo a la distancia. Como un destino marcado, ya como reportero (1964) me lleva a estar muy cerca de su derrotero político.
Compartí disímiles vivencias junto a otros colegas en recorridos por diversas partes del país con el Comandante en Jefe Fidel Castro.
Corría el año 1968, por entonces corresponsal de Juventud Rebelde en la provincia de Las Villas. Una voz circuló: Fidel estará en Palma Sola, Sagua la Grande. Allí acudí, esperé y saludé como uno más de aquella familia de agricultores que abrirían un plan agrícola en la zona.
Desde ese año se sucedieron diversos encuentros con el líder cubano. En Cienfuegos, Villa Clara, Sancti Spíritus, La Habana, Pinar del Río, Santiago de Cuba,…en esa misión de informar, de ser voz de los proyectos y obras que a lo largo y ancho del país se ejecutaban.
El objetivo era llevar al conocimiento la realización del proyecto del Moncada, era cumplir con una de las proyecciones del periodismo que exigía José Martí “…Tiene la prensa periódica altísimas misiones; es la una explicar en la paz, y en la lucha fortalecer y aconsejar…”
La Revolución cubana fue un evento importante en la historia de América, por ser la primera de carácter Socialista y la más exitosa. La que venció al Goliat y llenó de esperanzas a los pueblos de América, a la humanidad de que un mundo mejor era posible.
Dejo constancia de fidelidad, amor a sus enseñanzas, de respeto en sus intercambios, algunos personales y otros colectivos.
TUS MANOS EN PROSA
En este capítulo que nunca pensé ni deseé reseñar doy presencia al poema “Las manos de Fidel” del político y diplomático venezolano, Edgardo Ramírez, exembajador de la República Bolivariana de Venezuela en Cuba.
Tus manos de amor son grandes y suaves, ellas siguen la ruta del ascenso de José Martí: Patria es humanidad, ejercieron la valentía de hacer los nuevos días y las nuevas noches, de los pueblos de África, Asia y Nuestra América.
Son hacedoras prístinas del socialismo en Nuestra América: huesudas y largas como las pintaba Guayasamín, tomaron el relámpago de las armas para vencer a los dictadores, esclavistas, racistas, terroristas y criminales del miedo.
.. de tus manos brotan los médicos para atender a los pobres de la Tierra. … de ellas brotan los galopes de caballos, que hacen temblar a la madre Tierra, merecedora de la perpetuidad de la especie humana.
La contemplación armónica: las niñas y niños se aferran de tus manos, como regalos de juegos, unos corren otros saltan, se devela la bondad cómplice de volver a ser niño.
Nace la luz del Profeta de la Aurora: la revolución de nuestros sueños de justicia; de tus manos germina la paz de un mundo mejor.
Las alegrías son las huellas, de ser invicto abrazando con amor a la humanidad, porque ellas escribieron con letras de oro:
Hasta la Victoria Siempre.
TUS MANOS EN ÓLEO
Las manos de Fidel fueron pintadas por Oswaldo Guayasamín (Quito 1919 -1999).
También relató la impronta que lo llevó a esa “titánica obra”, dijo .. “me sentí obligado a hacerlo por el poder que desprenden las palmas y los dedos de Fidel”.
Con esta obra Guayasamín dijo hacer un homenaje a las manos que cachetearon al régimen de Batista; a las que señalaron un nuevo rumbo a los isleños e, incluso, a las que durante décadas le han hecho pistola al bloqueo de Estados Unidos.
Guayasamín se sentía honrado de que Fidel le permitiera retratar con el pincel sus manos. Por horas, confesó, se las hizo mantener erguidas, estáticas.
Su interpretación era sencilla pero de un relevante contenido… sus manos casi “blancas, como dos aves. La una está con la palma hacia adentro, que es su retrato de piel- adentro y la otra, hacia afuera, que se escapa hacia la inmensidad, como su personalidad”.
Y deja como simbiosis: detrás de esas manos está la cabeza de Fidel, que es la de un profeta.
CULTIVAR UNA NACIÓN CON EL PENSAMIENTO MARTIANO
Cultivar una nación, a su pueblo, a la mayoría sin distinción de raza, género y religión es una obra genuina de un soñador, de un poeta que le versa a la humanidad repasando y ejecutando para que un mañana sea mejor.
Más si ese romántico, cubano, develara en su juventud que llevaba en el corazón las doctrinas del Maestro, José Martí.
Fidel Castro por salir de un parto entronizado, de las tierras del levante cubano, donde conoció opulencia y sufrimiento, donde aprendió a amar al prójimo desde los más humildes, forjó su sentido de la moral, de la dignidad humana.
Con sus ilusiones en Birán, las enseñanzas de los Jesuitas y en las aulas del Alma Mater en La Habana, que combina con los deseos de libertad, justicia y amor que reclamaban los
cubanos a mediados del siglo XX, ajusta la vía de servicio, el deber, sacrificio y amor a la Patria.
Comprende la literatura martiana, la prosa de ternura, de sentimiento patriótico y sobre todo la visión de José Martí de esa América mestiza llamándola a integrarse en una sola nación para defender su soberanía de la amenaza de Estados Unidos y Europa.
Fidel cuando estudiaba Bachillerato concentró su interés en moldear el pensamiento del Apóstol de Cuba, en más de una ocasión repasó “Nuestra América de José Martí”, publicada en 1831.
El líder cubano reconoció en diversas ocasiones su admiración por el Héroe de Dos Ríos: “De lo primero que yo me empapo mucho, profundamente, es de la literatura martiana, de las obras de Martí, de los escritos de Martí; es difícil que exista algo de lo escrito por Martí, de sus proclamas políticas, sus discursos, que constituyen dos gruesos volúmenes, deben ser unas 2 mil páginas o algo más, que no haya leído cuando estudiaba en el Bachillerato o estaba en la Universidad”.
Así se cultiva el pensamiento y acción, para muchos, “fidelista”, vino la preparación, el Asalto al Cuartel Moncada, prisión, exilio, el Granma en México, zarpó de Tuxpan, Veracruz, y llegó a Cuba para liberar a la nación de la tiranía más corrupta y sangrienta, el régimen batistiano.
El Primero de enero de 1959 con Fidel baja de la sierra Martí, comienzan las transformaciones revolucionarias, el desarrollo, el cumplir los legados plasmados en “La Historia de Absolverá”. Así diría: “¡Al fin, Maestro, la Cuba que soñaste, está siendo convertida en realidad!”
Las enseñanzas del Apóstol fueron germen ideológico en la formación e impulso del pensamiento de Fidel y su teoría de Patria Unida.
Reconoció que “Podemos decirle a Martí que hoy más que nunca necesitamos de sus pensamientos, que hoy más que nunca necesitamos de sus ideas, que hoy más que nunca necesitamos de sus virtudes”.
Fidel es realidad y leyenda viva en la cooperación con otros pueblos, al llevar no lo que nos sobraba, sino compartir lo que teníamos, así practicó el apotegma
martiano: “Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad”, José Martí.
Para el guía legendario “Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad. Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo”.
En estos días de repaso obligado por la muerte del máximo líder cubano, retomo una frase de uno de esos artículos que descuella por la exactitud en reflejar su legado:
Fidel y la revolución hicieron de una isla una nación. Se dice fácil pero solo hay que imaginar que Cuba y América Latina son otras desde enero de 1959. Que Cuba hizo una labor internacional superior a sus fuerzas y posibilidades.
Nadie en el continente dejó en algún momento de recibir la solidaridad cubana. De una forma u otra.
Y es que cumplió con un anuncio “No luchamos por gloria ni honores; luchamos por ideas que consideramos justas”. Para Fidel, como Martí el hombre “no mira de qué lado se vive mejor. Sino de qué lado está el deber”.
Ningún símbolo más a propósito para definir la gesta que comenzaba que la foto convertida en leyenda, donde tiene de fondo en un cuadro la imagen de Martí, tomada en la cárcel local de la ciudad de Santiago de Cuba.
Viajar en el pensamiento revolucionario de Fidel es relacionar sociedad comunista, lucha antimperialista y socialismo, esta última concepción fue fragua y eje de la Revolución Cubana, la vía más expedita de Patria para todos.
Es que el socialismo cumple con la ética martiana del humanismo. En el libro Cien Horas con Fidel, de Ignacio Ramonet, destacado analista político español, precisa su afiliación de convencimiento y se describe como “socialista, marxista, leninista, pero primero fui martiano”.
La conducta cotidiana y cortesía heredados de familia, gestó a un hombre más allá de los principios planteados, lo acercó a la ética cristiana de Martí, su doctrina del humanismo.
Destacados políticos, intelectuales, trabajadores del mundo acentúan como una de las grandes cualidades del extinto revolucionario de talla universal es que nunca claudicó, no solo a los principios políticos, sino también a los valores eruditos.
Otro de los legados de Fidel en Martí fue la integración latinoamericana, las alianzas económicas y su relación con la soberanía en las relaciones hemisféricas.
Carlos Alberto Libânio Christo, más conocido como Frei Betto, teólogo de la liberación, siempre afirmó que conoció a Martí a través de Fidel. De ellos escribió: “Son dos revolucionarios, hombres de acción; de un pensamiento universal, contrario a lo que llamo globocolonización en lugar de globalización”.
Para el fraile ambos intelectuales revolucionarios tienen un pensamiento con fuerte arraigo en la historicidad, cuando el neoliberalismo borra la noción del tiempo histórico: “Y nuestro tiempo cultural y social es histórico”, afirmó.
Pero llegó la hora de la partida terrenal. De la muerte escribió Martí, y cuando hablaba lo hacía sin recelo, sentenciaba que ella no es nada cuando se ha obrado bien, cuando se ha sido honesto. “Morir es seguir viaje”…
Ahora, el verbo del pueblo cubano, en unas horas tristes, de hondo sentimiento, admiración y cariño exclamó “Yo soy Fidel”, frase que retumbó en el mundo.
Es hora de recordar la reflexión martiana: “Truécase en polvo el cráneo pensador, pero viven perpetuamente, fructifican los pensamientos”.
La Patria, los cubanos vertieron lágrimas, mientras la enseña nacional con su azul, blanco y rojo flamean el derrotero de agradecimiento de varias generaciones, que Fidel con las enseñanzas de Martí hizo de Cuba una Patria libre y soberana.
Hoy retumba como gloria una de la prosas del Himno de Bayamo: “No temáis una muerte gloriosa, que morir por la Patria es vivir”.
¡Hasta la Victoria Siempre!
El autor
DESPEDIDA A UN TITÁN: FIDEL