A partir de la nota que escribí ayer sobre la chusmería tornada en huelga de hambre política en el barrio habanero de San Isidro, me vinieron a la mente recuerdos de otras que han ocurrido a través de los últimos 30 años. Aunque, en realidad, existe una gran diferencia entre está que acaba de terminar en La Habana Vieja y las anteriores , y es la falta de lo solariego y chancletero en aquellas. Esta de San Isidro se ha llevado el premio mayor en lo que respecta a la chusmería. Las otras eran folclóricas y hasta risibles, no eran serias, pero tenían un mayor nivel de decencia y educación.
Cuántas veces hemos visto estos shows de huelgas de hambre de mentira. Recuerdo la de Luque Escalona, allá a principios de los noventa, en la que el personaje engordó durante la misma aproximadamente 10 libras comiendo bocaditos de jamón.
Las múltiples de Saúl Sánchez en Miami que, siempre que la cosa se ponía peligrosa, encontraba algún motivo para abandonarla.
La de Beatriz Roque en La Habana que la filmaron recibiendo las vituallas, entre ellas unos aguacates, por la ventana del fondo de su casa.
Las cien huelgas de hambre de Guillermo Fariñas, más conocido como el faquir de Santa Clara, que cuando la cosa se ponía fea ingresaba en el hospital para que lo alimentaran con sueros.
La de José Daniel Ferrer, conocido como el Marajá de Palmarito del Cauto en Santiago de Cuba.
La de Oscar Elías Biscet en 10 de Octubre, que terminó en nada.
Me imagino que habrá habido otras tantas que yo desconozco o que nunca oí de ellas.
La huelga de hambre es una cosa muy seria, ya que, si se lleva a cabo hasta el final y no se consigue por lo menos el objetivo por el cual se empezó, la muerte es la única opción. De todas formas, si la huelga se lleva seriamente, no es más que un cruel ataque al propio organismo.
La poca seriedad con que se han llevado las huelgas antes mencionas, que reitero, fueron, hasta cierto punto, cómicas y folclóricas, no las llevaron a la chusmería y al chancleteo de ésta de San Isidro…