Trataré de explicar en la forma más breve y clara posible, por qué la “articulación plebeya” es una convocatoria a los intelectuales cubanos profundamente contrarrevolucionaria, una falacia ideológica diseñada expresamente para ser utilizada en un “golpe blando” contra Cuba.

¿Por qué “plebeya”? -Los plebeyos, en la Antigua Roma, eran los ciudadanos comunes, que se caracterizaban por las extraordinarias diferencias entre unos y otrospertenecían a las diversas etnias y nacionalidades del inmenso Imperio, hablaban distintas lenguastenían diversas culturas. La unidad de estos plebeyos bajo el cetro imperial no podía buscarse en lo común a todos puesto que poco o nada había de común entre ellos. Era necesario, por tanto, “articular” las diferenciasEsta es la “articulación plebeya”.

Los patricios, los aristócratas, por el contrarioformaban una clase homogénea, tanto étnica como culturalmente, con un origen en parte real y en parte mítico semejante para todos (Rómulo y Remo, Horacios contra Curiáceos, etc.). Su unidad se fundamentaba, por tanto, en lo que era común a todos. Lo diferente no se incorporaba al sistema sin pasar antes por un proceso de asimilaciónEsta es la “articulación aristocrática”, en oposición a la “articulación plebeya”.

Los que pretenden utilizar estos conceptos como herramienta ideológica contra la Revolucióndifunden que en Cuba existe una burocracia como clase dominante, que fabrica el consenso, el acuerdo unánime, la identificación, la homogenizaciónapagando y reprimiendo todas las diferencias y todas las iniciativas no tipificadas como normales, que no permite la libertad de expresión ni otros derechos consagrados por la Constitución y por diversos instrumentos jurídicos internacionales. Nada, por supuestomás lejos de la verdadpero se aprovecha la necesidad vital de la Revolución de presentar un frente unido, sin grietas, ante los ataques del enemigo para situar a la administración revolucionaria en el mismo plano que el de las clases dominantes en los regímenes aristocráticos, oligárquicos o totalitarios.

Mientras los medios al servicio del imperio se encargan de reforzar en gran escala esta imagen distorsionada del aparato estatal, la “articulación plebeya” se presenta como la que puede unir a la comunidad construyendo lo común a partir de lo diverso y promoviendo el ejercicio ilimitado de los derechos individuales. La falacia se hace evidente solo con examinar lo que sucede en cualquiera de los países con gobiernos neoliberales del continente y es posible predecir que un regreso al pasado en Cuba pondría a nuestro país en una situación mucho peor que en esos lugares.

A mi juicio, lo más contrarrevolucionario de esta teoría, lo que incluso puede poner en peligro la existencia misma de la nación, es el hecho de que la promoción de una diversidad absoluta, la negación de toda homogeneidad, no solo destruye la necesaria unidad de la nación, la desarmasino que elimina la necesidad de basar nuestra identidad en un pasado común, en una historia que nos enorgullezca. No es posible destruir a la Revolucióncomo pretenden, sin quitarnos la memoria de nuestros héroes y mártires. Los símbolos de la Patria y todo lo que es sagrado para el cubano pasaría al olvido o sería objeto de escarniocomo hemos visto en la reciente provocación de San Isidro. Como cada cual podría actuar a su manera, sin cortapisasbasándose en un supuesto derecho absoluto a la diversidad, los principios éticos que hoy nos unen desapareceríanIncluso abogar en favor del plattismo y la anexión serían considerados derechos respetables. No nos engañemos, lo que se busca con la “articulación plebeya” es desarticular a la Revolución.

Entre los firmantes de la declaración refrendada por La Joven Cuba el pasado 27 de noviembre, se pueden observar los nombres de intelectuales que a través de los años han manifestado un odio visceral contra la Revolución Cubana. Un periodista, por ejemplo, Wilfredo Cancio. que pagado por el gobierno de Estados Unidos, escribió centenares de artículos calumniando y oponiéndose a la liberación de los Cinco héroes cubanoscomo denuncié en su oportunidad en las páginas de Cubadebate (“Los Cinco y la propaganda encubierta”, 2 diciembre 2009). Los nombres de los que se adhieren al documento se relacionan muy convenientemente por orden alfabético, forma elegante de enmascarar a los autores conscientes entre los firmantes ingenuos, a los zorros entre las palomas.

 Me pregunto cómo alguien, que se diga revolucionariopuede estampar su firma junto a la de enemigos jurados de la Revolución