Se ha ido una cubana íntegra, una mujer de alma fuerte y salud delicada, transparente y dulce como sus ojos azules. Rosa Aurora Freijanes Coca hablaba, incluso sin hablar, con su mirada inteligente y clara, honesta y simpática. Tenía un agudo sentido del humor y un tierno y firme sentido del cariño y la amistad. Huía de las cámaras y los micrófonos, de las luces y los espejos. No conoció la vanidad ni cuando el mundo la reverenciaba como una de las esposas de los Cinco. Pero una vez que aceptaba el reto de subir a una tribuna para explicar la verdad de Cuba, conmovía al auditorio hasta las lágrimas con su palabra sincera, con la ternura profunda de su corazón. Fue la madre que no pudo ser de sus amados sobrinos y de las hijas y los hijos de sus amiga: Adriana Pérez, Olga Salanueva y Elizabeth Palmeiro, sus hermanas de lucha por la libertad de los Cinco. Llegue a ellas, a su amorosa hermana Mary y el resto de su familia, el abrazo sentido de quienes conocimos, admiramos y quisimos mucho a aquella muchacha que siempre estuvo alegre, incluso en medio de las peores circunstancias, especialmente cuando sonaban los acordes de su canciones favoritas (Tu fantasma ó Rosana) en la guitarra y la voz de su autor, Silvio Rodríguez.