El Circo de Lenin Moreno, tiene carpas Mede In USA

 

Sería ingenuo pensar que la precipitada visita del presidente ecuatoriano Lenin Moreno a Estados Unidos, realizada del 24 al 29 de enero, solo habría sido un viaje de turismo o de placer.

La realidad es que a escasos tres meses de dejar el poder, el mandatario fue a confeccionar planes para impedir que la dupla integrada por Andrés Arauz y Carlos Rabascall del partido Unión por la Esperanza (UNES), pudiera alzarse con la victoria en las elecciones del 7 de febrero pasado o en la segunda vuelta a efectuarse el venidero 11 de abril.

La nota oficial del gobierno ecuatoriano informó por aquellos días que Moreno se reuniría con el nuevo presidente estadounidense, Joe Biden que al parecer no lo pudo recibir por la abultada agenda de problemas que le dejó su antecesor Donald Trump.

De todas formas, el programa conspirativo se cumplió pues se reunió con Juan González, director Senior para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y seguidamente con el secretario general de la OEA, Luís Almagro, súbdito predilecto de Trump, que ha tenido la siniestra misión de tratar de derrocar por todos los medios a los legítimos gobiernos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia.

Moreno informó que con González conversó sobre “asuntos de seguridad regional, cooperación bilateral, lucha contra el narcotráfico internacional y la defensa del país con la cooperación que le brinda Estados Unidos”. 

Con Almagro señaló que habló “sobre temas de interés nacional y regional” y los analistas indican que perfilaron la forma de impedir por medios más creíbles que los utilizados contra Evo Morales en Bolivia en noviembre de 2019, para que Arauz no alcanzara la presidencia.

Otro relevante elemento analizado fue el de continuar las presiones contra el gobierno de Nicolás Maduro, siempre con la anuencia del desacreditado Grupo de Lima.  

Durante los cuatro años que Moreno ha estado en la presidencia, se comprobó que fue la carta de Estados Unidos para echar por tierra los avances económico-sociales logrados por los diez años del gobierno de Rafael Correa a favor de las clases más desfavorecidas del país.

El actual mandatario que dejará el puesto en abril se presentó a las elecciones de 2017 como el continuador de la Revolución Ciudadana, un proceso de transformaciones profundas que cambió radicalmente, y para bien, a la sociedad ecuatoriana. 

Al dar un giro diametral hacia el neoliberalismo, traicionó no solo la confianza depositada en él por la ciudadanía que lo hizo presidente, sino también a Rafael Correa que lo ayudó a llegar al Palacio de Carondolet como si fuera su digno sustituto.

Como fiel servidor de Washington, tras alcanzar el poder, comenzó a desmantelar el proceso de la Revolución Ciudadana al denigrar a los anteriores funcionarios del gobierno y encarcelar a su vicepresidente Jorge Glas; restauró a los banqueros y a la oligarquía mediática en la dirección del poder; se esforzó por destruir la Unión de Naciones de Sur (UNASUR) y la Comunidad de Estados latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Sus acciones las ha realizado con la visión de ser un fiel servidor de Washington. 

Para manifestar su idolatría por el secretario general de la OEA escribió un Twitter desde Washington: “Siempre es grato conversar con Almagro, querido amigo con quien compartimos ideales de democracia, libertad y respeto. No cesaremos hasta lograr el objetivo de alcanzar el bienestar para los pueblos de América”.

Arauz denunció que desde el principio de su postulación ha enfrentado enormes dificultades no solo para inscribir su candidatura sino también trabas impuestas por el gobierno.

Se suman amenazas anónimas de atentados y ataques propagandísticos a través de los grandes medios hegemónicos derechistas del país, por lo cual afirma que el actual régimen intenta hacer fraude en las elecciones.  

Después de ganar inobjetablemente la primera vuelta de los comicios con el 32,6 % (más de 3 077 000 votos) Arauz ha sido objeto de una fuerte campaña de desinformación en todos los medios de comunicación de la oligarquía nacional y en los hegemónicos de Occidente.

La última acción fue tratarlo de relacionar con el movimiento guerrillero colombiano Ejército de Liberación Nacional (ELN). Para esa operación se prestó, como era lógico, el presidente colombiano Iván Duque, quien envió a Quito a su Fiscal General, Francisco Barbosa, el cual entregó a su par ecuatoriano una supuesta información hallada en computadores del abatido jefe guerrillero del ELN, alias Uriel, que señalaría un presunto financiamiento a Arauz. 

El candidato presidencial refutó inmediatamente la malsana acusación y seguidamente lo hicieron varias personalidades internacionales como los expresidentes Ernesto Samper (Colombia) y Evo Morales (Bolivia), así como el Grupo de Pueblo, el ALBA-TCP, la Internacional Progresista, entre otros.  

Samper rechazó en un Twitter la acción intervencionista e intimidatoria en contra del candidato ganador de la primera vuelta en las elecciones y las calificó de “una infamia”. 

Por su parte, Morales aseveró que “con falsas acusaciones de financiamiento ilícito, intentan afectar su triunfo en la segunda vuelta”. 

Con estas argucias se reafirma la versión de que el premeditado viaje de Moreno a Washington tuvo como principal tarea cercenar la posible victoria del binomio progresista Andrés Arauz-Carlos Rabascall. Esperemos que a pesar de todos los obstáculos esa victoria se consolide para bien de la mayoritaria población ecuatoriana.