Traducido desde el más allá por Max Lesnik

 Si estuviera escrito con lápiz, con una goma de borrar bastaba para hacer desaparecer el borrón. Si es con tinta con lo que se manchado su nombre, con detergente o con cloro, rápido se quita la suciedad.

Pero hay manchas que no las borra la goma de un lápiz, ni desaparecen con cloro ni con el mejor polvo de lavar que haya en el supermercado de la esquina.

Me refiero a las dos manchas indelebles que tiñe a esos que se hacen llamar “Disidentes” en Cuba, o que se proclaman “combatientes verticales” del llamado exilio cubano de Miami.

Apunto directo a las manchas sucias de “Batistianos” y de “Trumpistas”, calificativos que bien se han ganado tanto allá en la isla como aquí en Miami, esos que, pagados por un gobierno extranjero, le dan la espalda al pueblo cubano   por las treinta monedas de Judas- que, en realidad, son millones de – por servir los intereses de un imperio, que como el de Roma, paga, pero desprecia a los traidores que bien le sirven.

El cabecilla “Batistiano” es Mario Díaz Balart- de casta le viene la rabia- y su colega “Trumpista” no es otra que la “Taconera” de vieja historia, María Elvira Salazar. ¡ Que pena me das mujer hermosa!

Las manchas indelebles son las que marcan para siempre, por los años de los años, amén.