No hay terrorismo bueno. Cuando erróneamente es ejercitado en nombre de cualquier causa resulta repudiable, no obstante, el que se ejerce sin causa alguna, es todavía más execrable y diabólico. Tal es el caso del atentado en la ciudad de Oklahoma el 19 de abril de 1995 contra un edificio federal, cuyos autores fueron los estadounidenses Timothy McVeigh y Terry Nichols y dos cómplices. El cuarteto protagonizó el acto de terrorismo doméstico más brutal y letal en toda la historia de los Estados Unidos.

La explosión repercutió hasta a 50 kilómetros de distancia mató en el acto a 167 personas, entre ellas diecinueve menores de seis años que eran asistidos en una guardería infantil que funcionaba en el edificio. Tres de las mujeres asesinadas estaban embarazadas. La detonación destruyó o dañó 324 edificios en un radio de 16 manzanas.

El brutal acto terrorista fue particularmente primitivo y la bomba, consistente en un camión cargado con dos toneladas y media de un explosivo casero elaborado a base de fertilizantes de nitrato de amonio mezclado con gasolina y nitrometano, construida por los perpetradores, fue antediluviana.

 La investigación, bautizada como “OKBOMB” (Oklahoma Bomba) estuvo a cargo del FBI, incluyó 28 000 entrevistas, acumulándose 3,5 toneladas de pruebas y casi mil millones de piezas de información. Los criminales fueron juzgados y condenados en 1997. McVeigh fue ejecutado, Nichols sentenciado a cadena perpetua, mientras por “arreglos judiciales”, los cómplices recibieron penas menores.

La investigación en Oklahoma fue conducida por el ahora Fiscal General de los Estados, Merrick Garland, entonces abogado de la oficina del fiscal general adjunto, escogido por el presidente Joe Biden para el más alto cargo en el poder judicial. En su cargo Garland, la persona que mejor conoce problemática del terrorismo doméstico en los Estados Unidos, estará a cargo Departamento de Justicia y del FBI y tendrá como primera misión investigar y llevar ante a la justicia a los acólitos de Donald Trump que el pasado 6 de enero asaltaron el Capitolio de Washington.

Según el actual director del Buró Federal de Investigaciones (FBI) Christopher Wray, el ataque al Capitolio fue una manifestación de terrorismo interno cuya gravedad afecta las esencias del estado de derecho y del sistema político de los Estados Unidos.

El terrorismo doméstico figura hoy entre los más graves problemas de seguridad nacional de los Estados Unidos y es alimentado no por una sola ideología extremista, sino por una variedad de motivos políticos entre los cuales despuntan el racismo, el supremacismo, la xenofobia, los fundamentalismos religiosos y otros atavismos enquistados en el país más rico y desarrollado del planeta.

Con tales fenómenos tendrá que lidiar Merrick Garland que parece ser el hombre indicado para la tarea. Biden, Kamala y él no podrán sanar a los Estados Unidos, pero pudieran indicar un camino. Ojalá tengan éxitos. Allá nos vemos.