Salvador Capote
El 28 de abril de 1979, Carlos Muñiz Varela, joven cubano de 25 años, fue asesinado en San Juan, Puerto Rico. Carlos participó en la fundación de la revista Areíto, era dirigente de la Brigada Antonio Maceo (1) y en su deseo de propiciar el reencuentro de las familias cubanas estableció la Agencia de Viajes Varadero. La organización terrorista Omega 7 asumió la responsabilidad por el atentado. A pesar de que el crimen se cometió a la luz del día y en presencia de testigos, ni las autoridades locales ni el FBI fueron capaces de hallar a los culpables. Los documentos del caso “se extraviaron” dentro del Departamento de Justicia de Puerto Rico. Curiosamente, en lo que más que justificación parece burla, en la sede del FBI en Miami los documentos del terrorista No. 1, Luis Posada Carriles, también “se perdieron”.
Años más tarde, el dirigente contrarrevolucionario Arocena confesó a un agente del FBI que el atentado fue realizado por la CORU (Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas), lo cual señala directamente a Reynold Rodríguez que era el jefe de la rama de la CORU en Puerto Rico y a Julio Labatut Escarra, vinculado a escuadrones de la muerte que operaron en las décadas de 1970 y 1980. A la CORU pertenecían también Luis Posada Carriles y Orlando Bosch. Implicados, además, en el asesinato de Muñiz Varela aparecen Pedro Remón (que participó en el intento de asesinar a Fidel en Panamá) y José Dionisio Suárez (señalado como uno de los asesinos del ex canciller chileno Orlando Letelier).
En 1984, el tabloide La Crónica, fundado por Antonio de la Cova, convicto por transportar explosivos ilegalmente en la Florida, publicó varias fotos de la autopsia de Muñiz Varela, obviamente con el fin de aterrorizar a los que propiciaban un acercamiento en las relaciones con Cuba. La viuda de Muñiz demandó al periódico pero el caso se resolvió a favor de los demandados al establecerse que Muñiz y su esposa eran figuras públicas “por lo que carecen –determinó el tribunal- del derecho a la privacidad” (La Crónica, octubre de 1984). El cadáver de Carlos lo convirtieron en trofeo y “la controversia terminó con una fiesta de los simpatizantes de La Crónica en un restaurante cubano de San Juan” (2).
En octubre de 1997, guardacostas de Estados Unidos capturaron una lancha rápida en aguas territoriales de Puerto Rico pensando que se trataba de una operación de narcotráfico. La embarcación se dirigía a la isla Margarita, en Venezuela, y estaba tripulada por cuatro cubano-americanos pertenecientes a la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA): Angel Alfonso Alemán, Francisco Córdova, Angel M. Hernández Rojo y Juan Bautista Márquez. Dentro de la lancha los guardacostas encontraron dos fusiles semiautomáticos calibre 50 con mira telescópica de rayos infrarrojos y alcance de 1,500 metros, gran cantidad de municiones, equipos de comunicación y uniformes militares. Los tripulantes declararon su intención de utilizar esas armas para realizar un atentado contra el presidente Fidel Castro en la isla Margarita, donde tendría lugar los días 8 y 9 de noviembre la VII Cumbre Iberoamericana. Las investigaciones revelaron que la lancha era propiedad de José Antonio Llama, alias “Toñín” y que uno de los fusiles pertenecía a Francisco “Pepe” Hernández, Directores ambos de la Fundación.
De nuevo aquí, los terroristas gozaron de absoluta impunidad. Como relata el profesor Salim Lamrani (3) “los procedimientos legales fueron abandonados por razones que permanecerán en los anales de la infamia. Por ejemplo, el abogado defensor de Angel Alonso Alemán era Ricardo Pesquera, primo de Héctor Pesquera, el agente del FBI encargado de las investigaciones del caso”. Los terroristas fueron absueltos y Héctor Pesquera nombrado jefe del FBI en Miami donde, con el celo que nunca mostró en Puerto Rico, procedió al arresto de los cinco cubanos infiltrados en organizaciones terroristas de Miami.
Los crímenes políticos cometidos en Puerto Rico contra activistas por la independencia o contra aquellos que quisieron mejorar algún aspecto de las relaciones con Cuba, quedaron impunes. A medida que se desclasifican documentos y se obtiene mayor información, se hace más evidente en todos ellos la responsabilidad de la conexión terrorista con Miami.
NOTAS
(1) La Brigada Antonio Maceo surgió en Estados Unidos y Puerto Rico a fines de la década de los sesenta dentro de la comunidad cubana. Tenía como objetivos “palpar personalmente la realidad de Cuba […] y trabajar activamente por mejores relaciones con Cuba”.
(2) José Cobas y Jorge Duany: “Los Cubanos en Puerto Rico”, Edit. De la Universidad de Puerto Rico, p. 191, 1995.
(3) Salim Lamrani: “The Cuban American National Foundation and International Terrorism”, Superpower Principles, U.S. Terrorism Against Cuba, p. 107, 2005.