Estimado presidente Biden… ¡Impotencia! ¡Tristeza! ¡Frustración!
Presidente, ¿cuándo va a levantar las sanciones que pesan sobre la familia cubana? ¿Cuándo va a cumplir lo que prometió?
¿Cómo se sentiría usted si sus familiares estuvieran condenados a vivir precariamente, por falta de alimentos, medicamentos, transporte, servicios elementales que están hoy afectados en Cuba? Las sanciones que su gobierno mantiene contra Cuba, y que usted ha heredado de la rabia del expresidente Trump, afectan a personas inocentes, cuyas vidas se hacen cada vez más miserables. Y no hay más tiempo en este mundo que una sola vida por vivir.
¿Qué sentiría usted si sus amigos de la niñez, en Scranton, aquel pueblito de su infancia, estuvieran cercados por mar y tierra y les fueran cortados suministros de todo tipo?
Me imagino el inmenso dolor y el disgusto que usted sentiría si alguien les prohibiera a aquellos vecinos suyos recibir alimentos e insumos esenciales para la vida. ¿Se imagina una soga de prohibiciones apretando el cuello de sus antiguos compañeritos de juego, de aquella niña de la que usted se enamoró o de la maestra que le enseñó a usted el abecedario?
Querido presidente, no hay que ser adivino para saber qué sería de Scranton si a sus habitantes se le negara el derecho a la existencia. Me imagino su desconfianza y su enojo si alguien le impidiera enviar unos pocos dólares, que usted ganó en su trabajo honradamente, a una tía anciana necesitada en ese Scranton hipotético, cercado, hostigado por un vecino mucho más grande y poderoso.
“¡Prohibido el envío de remesas familiares!”. Algo así sería insólito, ¿verdad? “¿Qué clase de sanciones absurdas e inhumanas son esas?”, se preguntaría usted.
Es inaudito que los Estados Unidos le niegue a un pueblo el derecho a la vida digna. Resulta difícil concebir que nuestra nación castigue a familias indefensas. Es más increíble aún que esto ocurra en medio de esta brutal pandemia que ha golpeado a toda la humanidad. Imagínese que todo eso pasara en su pueblo natal, señor Presidente, en Scranton.
Santo Tomás de Aquino decía que una ley injusta no es ley. Ante una situación así, Joe Biden, elevaría su voz. Joe Biden movería cielo y tierra para ayudar a sus vecinos. Biden trataría de romper el cerco que ahoga a su pueblo natal y arremetería contra esas sanciones injustas. Joey, el niño pobre de Scranton, herido ante tanto dolor, trataría de salvar de la muerte y la tristeza a los suyos.
Presidente, todo esto lo sufre hoy mi propio pueblo, no en la imaginación, sino en la realidad. En medio de la pandemia, y cuando más necesario es el apoyo y el abrazo, las sanciones de Estados Unidos agreden y contribuyen a asfixiar a la familia cubana. “I can´t breathe.” ¿Remember?
Trump redobló su hostilidad y buscó rendir por hambre al pueblo de Cuba. Prohibió el envío de remesas familiares. Persiguió a los barcos petroleros que llevaban combustible a la Isla; el combustible que necesitan las ambulancias y los hospitales. En su afán de causar dolor, Trump incluso anuló el programa de reunificación familiar e impidió el abrazo de padres e hijos.
Pero usted ya sabe todo eso, señor. De hecho, durante su campaña electoral, usted prometió que desmantelaría esas atroces sanciones. Conmovido por ese crimen de lesa humanidad, usted expresó. “Creo que ningún gobierno debería intervenir en que los cubanoamericanos ayuden a familiares y amigos en Cuba”. ¿Se acuerda? “Revertiré la reciente decisión de Trump de limitar las remesas a la familia cubana». Eso dijo entonces.
Llevamos cien días esperando. ¡Cien días! ¿Cuándo cumplirá lo prometido? ¿Cuántas semanas más son necesarias para que usted actúe? Los cubanoamericanos y estadounidenses que votamos por usted, lo hicimos esperanzados de que sus promesas no serían frases vacías. Trabajamos con ahínco por su triunfo; seguros y esperanzados. Pero nuestra seguridad se va convirtiendo en escepticismo y nuestras esperanzas en rabia y consternación.
Díganos, ¿qué le impide dar pasos de justicia hacia un pueblo inocente que espera mucho de su vecino? Los agresivos, los odiadores, los intransigentes, siempre van a atacarlo a usted, porque usted no es como ellos. No se deje condicionar ni amedrentar. Usted tiene en su mano el gran poder de hacer lo justo, de ayudar al bienestar de un pueblo que ya ha sufrido demasiado.
Querido Presidente, usted ha narrado que, desde pequeño, su madre le inculcó valores de integridad y empatía. Ella le aconsejaba que siempre se pusiera en el lugar del prójimo. ¡Cumpla su palabra presidente Biden! ¡Levántele las sanciones a la familia cubana! Hágalo como si lo hiciera por su pueblo natal. Al final, todos somos Scranton.
Dios lo bendiga a usted y a su familia. Dios bendiga a los Estados Unidos, a Cuba y al mundo.
Carlos Lazo
30 de abril de 2021
Nota: Esta carta fue enviada al presidente Joe Biden en el día cien de su presidencia.
Firme la petición para que el presidente Biden levante las sanciones que pesan sobre la familia cubana. Siga el enlace en www.puentesdeamor.com