ERNESTO, FIDEL, HUGO RAFAEL, ANDRÉS MANUEL…EMULAR ES HONRAR

El cambio indispensable de mentalidad para consolidar la Patria Grande

 

Patricia Barba Ávila

 

“En el momento que fuera necesario estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie.” Ernesto Ché Guevara

“No existe culto a ninguna personalidad revolucionaria viva, como estatuas, fotos oficiales, nombres de calles o instituciones. Los que dirigen son hombres y no dioses”. Fidel Castro

 

“Aquí estoy parado firme. Mándeme el pueblo que yo sabré obedecer. Soldado soy del pueblo. Ustedes son mi jefe.” Hugo Rafael Chávez Frías

 

«Cuando cambia la mentalidad de un pueblo, cambia todo”. Andrés Manuel López Obrador.

 

¿Por qué los pueblos votan por sus verdugos en lugar de apoyar a sus benefactores? Esta pregunta que repetidamente nos hacemos los que aspiramos a un cambio radical del quehacer político encaminado a la consolidación del sueño bolivariano, tiene varias respuestas entre las cuales está, en mi opinión, el tipo de percepción del éxito que por largo tiempo nos han imbuido a través de medios de “comunicación”. Este concepto equivocado del éxito es el que impulsa a no poca gente, desafortunadamente, a convertir la acumulación de riquezas en el centro de su existencia, a costa de lo que sea y de quien sea; a costa de dejar la dignidad y los principios embarrados en el camino.

Y es que en la prehistoria, nuestros ancestros emplearon lo que entonces era una estrategia de sobrevivencia (instinto), en este caso el dominio territorial, para garantizar su subsistencia. Sin embargo, con el paso del tiempo este instinto ha devenido en codicia extrema generadora de regímenes de explotación que han tenido en la impunidad y la extrema corrupción sus pilares principales.

Libros de historia, biografías, ensayos, conferencias y demás modalidades de comunicación han ensalzado las “hazañas” de depredación, asesinato en masa, violación extrema de todo tipo de derechos perpetrados por “héroes” y “grandes conquistadores” como Julio César, Carlomagno, Ricardo “Corazón de León”, el Cid, Napoleón Bonaparte, entre otros, cuyas motivaciones para sus invasiones y masacres han sido siempre el incremento de la acumulación de recursos saqueados a otros pueblos y la dominación territorial con el aumento del poderío económico.  Para todos estos “ilustres” que despiertan la admiración de millones de estudiantes en secundarias, preparatorias y universidades, así como de lectores entusiastas de la historia –contada, claro está, por los vencedores- ni el respeto por los derechos de otros y la Naturaleza han sido factores importantes; de hecho los han desdeñado como “debilidades” indeseables para el fortalecimiento de sus imperios en los cuales, por cierto, la gran masa de vasallos y súbditos jamás han disfrutado de lo robado a otros pueblos.

Desde tiempos inmemoriales, cruentas guerras han sido promovidas en nombre de “dios”, de la “patria”, del “heroísmo” y otros mitos inventados para justificar lo que jamás debió haberse justificado: el asesinato en masa y el robo a manos llenas de reducidas élites de poderosos contra miles de millones de indefensos. Ni códigos legales, ni libros “sagrados” han frenado la ambición desenfrenada de los que históricamente se han sentido superiores a otros y con el “derecho divino” de arrasar con todo lo que encuentren a su paso. Y es que la posesión desmedida de bienes materiales se ha considerado como una condición indispensable para ser respetado, para ser admirado y hasta venerado en una clara sustitución por estos anti-valores de los valores reales como la dignidad, la solidaridad y el respeto propio y por los demás, pero aquí hablo del respeto auténtico, del que se deriva del afecto y amor que se experimenta ante la verdadera grandeza humana, aquella que requiere de una enorme fortaleza interna y que hemos advertido en muy pocos seres a lo largo de nuestra accidentada historia. Seres que no han sucumbido al barato oropel de la riqueza mal habida sino que han revolucionado su tiempo y generado bienestar y fomentado los conceptos más elevados de nuestra tan imperfecta especie. 

Aquí voy a referirme a cuatro personajes que han cambiado y están cambiando diametralmente el rumbo en sus propias naciones, dejando una huella indeleble con actos y decisiones que debemos intentar emular para realmente honrar sus actos y su memoria porque la mejor manera de hacerlo es realizar un constante esfuerzo por dejar atrás ese concepto torcido del “éxito” consistente en la acumulación de riqueza a costa de lo que sea y ser cada vez mejores ciudadanos, mejores padres, mejores hermanos, mejores amigos, mejores maestros, mejores estudiantes, mejores y reales servidores públicos:

Ernesto “Ché” Guevara, médico argentino a quien la posición acomodada de su familia no le impidió transformarse en leyenda moralizadora y ejemplar por su indiscutible amor por sus congéneres, en cualquier latitud del planeta. Un ser humano de estatura inmensa que jamás pretendió centrar sus actos en el beneficio personal ni de su familia…un ser absolutamente excepcional que ha conmovido y dejado una huella en distintos pueblos del mundo que perdurará por siempre.

Fidel Alejandro Castro Ruz, abogado cubano de una familia terrateniente y cuya generosidad y sentido de la solidaridad lo condujo a encabezar una de las revoluciones sociales y políticas más extraordinarias que todavía está vigente. Fidel fue muy enfático en jamás permitir que su nombre fuese colocado en calles o pueblos ni su figura ser esculpida en estatuas o monumentos. Jamás sucumbió a la vanagloria ni a la adulación. El impacto de este hombre singular a nivel global ha sido y continuará siendo enorme. 

Hugo Rafael Chávez Frías, de origen humilde pero cuya extraordinaria fuerza interior y su firme propósito de dar un giro de 180° en la terrible situación que padecían millones de venezolanos bajo el criminal neoliberalismo, lo transformó en uno de los líderes más queridos y admirados en el mundo. Un ser de una frugalidad y sencillez impresionantes que nunca buscó beneficiarse de su alta investidura, tal como se puede comprobar en el hecho de que no poseía casa, ni automóvil propio…un genuino ejemplo de auténtica grandeza.

Andrés Manuel López Obrador, líder social cuya tenaz lucha por la justicia social y su genuino amor por el pueblo, lo condujo después de superar intentos de desafuero, fraudes infames y una guerra sucia que todavía persiste, recibió el multitudinario apoyo de una enorme cantidad de votantes que lo llevaron a la Presidencia de México.  Su visible empatía, su clara inteligencia y conocimiento de la naturaleza humana y su impresionante austeridad han tocado la conciencia y corazón de millones de ciudadanos dentro y fuera del país que actualmente gobierna…un personaje cuya singular sencillez es muestra de su grandeza de espíritu. 

Sin duda alguna, todos estos líderes insignes jamás aspiraron ni aspiran a homenajes, estatuas, calles que lleven su nombre, a acumular riqueza ni disfrutar lujos palaciegos; mucho menos a ostentar un poder represivo ni absoluto. Ciertamente, la mejor manera de honrar su memoria y actos de grandeza es intentar emular su ejemplo, algo mucho más difícil de lograr y que requiere de un esfuerzo constante pero que con toda seguridad es lo que logrará que consolidemos proyectos humanistas como la Cuarta Transformación que junto con otros de naciones hermanas, conducirán al mundo por un derrotero fincado en el humanismo, la justicia social y el auténtico progreso.

Hoy, 5 de mayo, es especialmente relevante resaltar la inmensa hazaña de los heróicos combatientes del ejército comandado por el General Ignacio Zaragoza que derrotaron al poderoso ejército francés que para dar cumplimiento a las ambiciones de Napoleón Bonaparte, invadieron un país en ciernes presidido por el gran Benemérito de las Américas, Benito Juárez García, otro auténtico gigante al cual el mundo debe la sublime frase: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, una fórmula poderosa capaz de garantizar la coexistencia harmónica y solidaria entre los pueblos del mundo…una fórmula para la erradicación de la codicia, la depredación y los antivalores que amenazan con destruir no sólo a nuestra especie sino a todo lo que respira y vive en nuestro todavía hermoso planeta.

“A todos los que quiero, el consejo que les doy es: no al dinero, no al lujo barato…solo siendo buenos podemos ser felices…”  Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México.