EL MAYOR ENGAÑO
El gran engaño del siglo XX, que se pretende continuar en el XXI, es hacer creer que capitalismo y democracia son sinónimos. No existe ninguna afinidad, dependencia ni concierto entre el capital y las libertades políticas.
El objetivo del capitalismo es el lucro, la ganancia, la reproducción y expansión del capital. Su objetivo no es ni ha sido nunca el crear y mantener regímenes democráticos.
El capital sigue siendo lo que Carlos Marx definió con la fórmula D-M-D, es decir, el capital en forma de dinero (D) se transforma en mercancías (M) y éstas se convierten de nuevo en dinero (D). Es un proceso repetitivo y expansivo que nada tiene que ver con la promoción de libertades civiles.
Todo lo que favorezca el funcionamiento de esta espiral es bienvenido para el capitalista, mientras considera necesario eliminar todo lo que la entorpezca.
Las instituciones del estado, incluyendo por supuesto a las fuerzas armadas y los factores que integran la cultura de un país, con la religión en primer término, son utilizados cuando contribuyen al proceso de acumulación de capital. Son destruidos cuando se oponen.
A los capitalistas no les interesa la causa de la libertad, no es su objetivo, y arremeten contra ella con todas sus fuerzas, con toda su crueldad y toda la capacidad que poseen sus medios para mentir y desinformar, cuando la aspiración de los pueblos a libertades políticas se acompaña de reclamos, aún mayores, de justicia social.