Entre las mayores hazañas de la medicina de los Estados Unidos figura la creación de las dos vacunas anti poliomielitis que han sido decisivas para erradicar la más terrible enfermedad infantil en la historia de la humanidad  De esta epopeya científica forma parte el más altruista y audaz ensayo de los anales médicos cuando casi dos millones de padres estuvieron dispuesto a inyectar a sus hijos el terrible virus.

En 1955, luego de evaluar los resultados del ensayo de fase III que involucró a 1 800 000 niños de 44 estados de Estados Unidos, el Gobierno Federal autorizó a seis laboratorios para fabricar en cantidades suficientes la vacuna creada por Jonas Salk de la Universidad de Pittsburgh y dio luz verde a su aplicación masiva. La mayor parte de los países del mundo, como todavía ocurre, adoptaron el punto de vista de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos.

Una de las seis firmas farmacéuticas autorizadas para fabricar el medicamento, el laboratorio Cutter de California, por error utilizó una cepa muy agresiva y filtros defectuosos, lanzando al mercado algunos lotes que contenían cepas activas del virus, lo cual afectó a 260 niños que presentaron trastornos ligados a la vacuna. Según el Dr. Paul Offit, unos 40.000 niños vacunados presentaron dolores de cabeza, rigidez en el cuello, debilidad muscular y fiebre, 164 menores quedaron paralíticos y 10 murieron.

Inmediatamente el Cirujano General de los Estados Unidos recomendó la suspensión de la vacunación en todo el país y detuvo la producción del medicamento hasta concluir la inspección de todas las fábricas. Poco después del control de daños y la corrección de las fallas, se reinició la producción y la aplicación de la misma vacuna.

A partir del incidente, en junio de 1955 se creó la División de Estándares Biológicos (DBS) como entidad independiente dentro de los NIH. Actualmente el DBS es el Centro de Evaluación Biológica e Investigación y forma parte de la FDA. También se estableció la obligación de producir un número mínimo de los lotes efectivos consecutivos, requisito implantado a partir del incidente Cutter que, hasta hoy se exige a todos los fabricantes de vacunas.

A pesar que las exigencias y los controles en la fabricación de vacunas son en todos los países más estrictas y que las tecnologías empleadas son más seguras, los fármacos de algunas firmas han presentado inconvenientes menores que, en todos los casos han sido debidamente explicados y evaluados.

Una explicación es que, aplicada en cientos de millones de personas, todas singulares cuyos organismos, presentan particularidades individuales, abre un margen mínimo para reacciones específicas que también condicionan la efectividad del fármaco. No obstante, todas las vacunas en el mercado y algunas que transitan por fases avanzadas de pruebas, han demostrado que sus beneficios son infinitamente mayores que los riesgos en que se incurre al vacunarse.

Cada vacuna que se aplica es una puerta que se cierra al virus de la COVID. Cuando el número de vacunados forme una mayoría, se estará más cerca de la inmunidad común. Allá nos vemos.