El capitalismo, no es una forma de gobierno, sino un modo de producción, una manera de hacer las cosas que en la economía resulta altamente eficiente. El socialismo de estado ha pretendido ser ambas cosas y +.Gracias a su plasticidad, el modo de producción capitalista que florece mejor en ambientes liberales, es compatible con cualquier forma de gobierno: monarquía y república, dictadura y democracia, incluso con la teocracia. Capitalistas son Suiza e Irán, Bélgica y Haití, Israel y Palestina, Estados Unidos y Rusia. Allí donde ha dado lugar a los estados de bienestar y a la economía social de mercado, el capitalismo armoniza con el socialismo.

Debido a fenómenos casuales, en los siglos XVIII y XIX, el modo de producción fundado en las relaciones entre el capital y el trabajo, el empleo masivo de máquinas, la concentración de la producción y otros factores, avanzaron más rápidamente que la organización estatal basada en el liberalismo y la democracia que no aplicó a tiempo las regulaciones necesarias, permitiendo que se desatara el “capitalismo salvaje”.

Al percatarse que la desaforada explotación de los trabajadores a que la desregulación dio lugar y a las tensiones y rupturas sociales que ello generaba, los estados, unos más que otros, se apresuraron a establecer normas y aplicar políticas que evitaran malestar y explosiones sociales. Las mismas fuerzas que en Europa separaron la Iglesia del Estado, segregaron también las funciones públicas, especialmente el gobierno, de la economía. A propósito, Lenin explicó que: “…Bajo el capitalismo, el estado representa a la burguesía en su conjunto y no a una parte de ella…”

La absoluta desregulación beneficiaba a los dueños de fábricas, minas, astilleros y otras actividades empresariales, pero, al provocar descontento y rupturas, perjudicaba a otras esferas, era contrario al credo de quienes ejercían profesiones liberales y a los intereses de los políticos, así como a la gobernabilidad que, en las democracias, necesitan de rangos de apoyo o como mínimo tolerancia popular.

Raras veces se repara en el hecho de que la “aventura atlántica” que llevó al descubrimiento de América y la colonización ibérica fueron empresas estatales financiadas y organizadas por las coronas de España y Portugal. Las Compañías de Indias en Inglaterra y Holanda nacieron como entidades estatales o mixtas. El rey inglés Jorge, el mismo que concedió licencia a los colonos que desembarcaron en América del Norte era accionista de la Compañía de Indias.

Está descrito el anómalo proceso mediante el cual en los países europeos primero y luego en los Estados Unidos, el dinero proveniente de la actividad económica privada y del saqueo colonial, se imbrican con la política, llegando a influir decisivamente en la actividad de los poderes públicos y en el desempeño de los estados, lo cual es particularmente notable en Iberoamérica.

Siempre dudé que un hombre de las luces de Karl Marx abogara por la destrucción del modo más eficiente de producir generado por la civilización, lo cual nunca ocurrió. Como el científico que era, investigó el capitalismo y, en el curso de sus investigaciones, descubrió que, debido a factores endógenos, esa formación social, como aquellas que la precedieron era perecedera.

Tales conclusiones dieron lugar a una metodología para estudiar y comprender la historia y su crítica al modo de producción, abarcó al sistema en su conjunto, lo cual resultó ser, además, un hallazgo político que lo convirtieron en el primer y en realidad único líder socialista mundial.

Por razones coyunturales, avanzando por un atajo, el proceso llamado de construcción socialista se inició en Rusia en circunstancias que Marx no había ni imaginado, asumiendo una posición nihilista que incluyó no solo la institucionalidad política, incluidos los partidos, las prácticas parlamentarias, el derecho y la democracia que fueron barridas, sino también las bases del modo de producción, cuestionando la propiedad, el mercado, el dinero y todo lo demás. En los ámbitos culturales la anécdota del proletkult y el fusilamiento de Dios son antológicas.

Apreciados en su conjunto las interpretaciones erróneas de las tesis de Marx, las acciones en respuesta a la contrarrevolución y al acoso del imperialismo mundial, así como los errores en el manejo de la economía y en la política, especialmente el estalinismo, caracterizado por el rechazo visceral a las reformas y a cualquier forma de ejercicio privado de la economía, a las ideas asociadas al mercado, la competencia, el dinero, que privaron al socialismo en la URSS y el resto de los países ex socialistas de herramientas eficaces e ideológicamente irreprochables.

China y Vietnam, al menos en el terreno económico han comenzado a cambiar las reglas, por cierto, no les va nada mal. Entre tanto, Cuba deshoja margaritas. Allá nos vemos.